Un submarino alemán hundió numerosos buques en Fisterra

Las imediaciones del Cabo fisterrán fueron escenarios de episodios bélicos hace más de un siglo


Pocos días antes de la Nochebuena de 1916, el 16 de diciembre, los tripulantes de varios barcos de pescadores de Fisterra llevaron al pueblo noticia de que un submarino alemán había detenido a 10 millas al Oestesuroeste del cabo, a un pequeño barco danés, el Gerda, matrícula de Copenhague y de 776 toneladas. Y no pocos curiosos acudieron raudos a las proximidades del faro con el fin de comprobarlo con sus propios ojos. Lo que vieron fue a un submarino que supusieron alemán -no portaba bandera-, dirigiéndose a Fisterra escoltando a un mercante. Y cuando el sumergible avistó en el horizonte a dos buques con rumbo Sur, cambió su derrota y se alejó del Gerda para reconocerles. En tanto, el buque danés, que suponían controlado por marinos alemanes a bordo, quedaba sobre la máquina, esperándole a la entrada de la bocana de la bahía.

Valiéndose de gemelos y anteojos, los fisterráns que presenciaron las maniobras, escucharon las explosiones de dos cañonazos disparados por el submarino contra uno de los barcos que querían reconocer. Y, una vez interceptado el buque, el Falk, de nacionalidad noruega, matrícula de Cristiania, 1370 toneladas de desplazamiento y construido en 1904, subieron a bordo varios marinos alemanes que ordenaron el abandono del barco al capitán y arriaron los botes sin apenas tiempo de salvar algunos efectos personales. Después, el sumergible disparó otros dos cañonazos abriendo un enorme boquete en el costado del casco, y el Falk se fue rápido a pique, espectáculo visto desde tierra. Minutos después, uno de los botes, con 19 tripulantes, se dirigió a la bahía fisterrana y otros tomaron rumbos diferentes.

A dos millas al Sudoeste de Fisterra, poco más tarde los vecinos avistaron a otro bote con 29 náufragos procedentes del vapor inglés Bayhall, un buque torpedeado en la misma tarde del 16 de diciembre a 60 millas del Cabo, cuando se dirigía con un cargamento de azúcar de isla Mauricio a Burdeos. El Bayhall fue torpedeado a 45 grados 16 minutos de latitud Norte y 8 grados de longitud Oeste y desplazaba 2.534 toneladas y dos fueron los submarinos que le acometieron después de negarse a parar las máquinas. Y tanto el capitán del vapor inglés, como antes el del danés, pasaron prisioneros a bordo del submarino, conduciendo a los demás tripulantes al Gerda. Y lo mismo se repitió con otro vapor danés, el Chassing Macrik, que navegaba de Cardiff a Lisboa con un cargamento de carbón.

Después, el submarino quedó a 10 millas de Fisterra y el Gerda reanudó la marcha. Cerca de las 13 horas fondeó en las inmediaciones de la villa del Santo Cristo con 63 individuos, entre tripulantes y náufragos, subiendo a bordo el práctico, José Fernández Domínguez Neira, al que los alemanes informaron en perfecto español que echarían a pique el barco en cuanto saliesen de la ría. E, inmediatamente, los tripulantes del Gerda, Falk, Bayhall y Chassing Macrik ocuparon los botes del primero y llegados a tierra, por orden del alcalde quedaron alojados entre el vecindario. Los socorrieron los médicos Desiderio Paz Don Emerito y Víctor Cardalda, así como los vecinos Ramón Pequeño, Ramón Martínez Lobelos, Matías Canosa, Juan Bautista Rodríguez O Buzo, José Sendón, Leoncio Olveira y Jesús Olveira, y los funcionarios de la estación radiotelegráfica, que, entre todos, facilitaron albergue, ropas y alimentación.

Niebla intensa

El Gerda abandonó la rada fisterrana y se dirigió hacia el Sudoeste, a la bocana de la bahía en donde le esperaba el sumergible, perdiéndose de vista a causa de la niebla. Tiempo más tarde, en tierra se escucharon, hacia el Sudoeste, los cañonazos que provocaron el hundimiento del buque danés, aunque desde tierra nada se pudo divisar.

A los náufragos del Bayhall, del Chassing Macrik, del Gerda y del Falk los trasladaron a Corcubión y los alojaron en varias fondas, resultando hundidos en esos días otros vapores, pero nada sabemos de la suerte que corrieron sus tripulantes, un mínimo de seis los buques en los días previos a la Nochebuena de 1916 a la altura de Fisterra, y suponemos que a algunos náufragos los recogieron barcos que llevaban rumbo a alta mar, la misma dirección que habían tomado algunos botes cuando huían de los submarinos.

Igual pasó con un vapor japonés torpedeado a las ocho de la mañana de ese día: 57 de sus tripulantes se avistaron desde Fisterra en botes, pero ninguno arribó a puerto. Al barco nipón también ordenaron detenerse, y trató de huir disparando con uno de los cañones que montaba, sin hacer blanco en el sumergible. Entonces, le lanzaron un torpedo al tiempo de disparar con su cañón. Perecieron varios tripulantes ahogados y los demás saltaron a los botes. Tampoco llegaron a tierra los tripulantes del vapor inglés Ayona, hundido en las inmediaciones del Cabo.

Un mes más tarde, a las 11.00 del 16 de enero de 1917 llegaron a Fisterra 28 tripulantes del vapor francés Sidney, otro buque hundido por un submarino alemán a 100 millas de la costa y al Oesnoroeste del cabo Fisterra, matrícula de Orán, de 4.000 toneladas y de una compañía francesa que hacía el servicio de África. Había salido de Inglaterra con carbón para Argel.

De pronto, sobre las 10, un submarino alemán apareció a una o dos millas de distancia del buque y efectuó un cañonazo. Se generó un escenario de sorpresa y desconcierto. Los tripulantes subieron a cubierta. El capitán marcó el telégrafo: avante toda, y dispuso forzar la máquina tratando de alejarse del sumergible, del tamaño de un destróyer. Con el casco a medio sumergir y pintado de un color gris oscuro, casi negro, los franceses observaron que en la proa aparecían pintados en caracteres blancos la letra «U» y el número 48. Y al ver el sumergible que el buque francés se alejaba, apresuró su marcha sin dejar de disparar con el cañón de 10 milímetros instalado a proa, contestado por el cañón del Sydney, pero ninguno de los proyectiles de uno y otro dieron en el blanco, continuando así hasta la una de la tarde en que se agotaron las municiones en el navío francés, en un vivísimo combate en el que llegó el Sidney a disparar 97 proyectiles y 60 el U-48.

Ante la proximidad del submarino, el capitán del Sidney ordenó parar máquinas e izó bandera blanca. Un proyectil partió en dos uno de sus palos. Detenidos, del sumergible salió un bote con un oficial y varios hombres armados. Se acercaron por el costado de sotavento, subieron a bordo y detuvieron al capitán y a los dos artilleros y los trasladaron al sumergible como prisioneros de guerra. Después de momentos de vertiginosa tensión y miedo, obligaron a arriar los botes para que los tripulantes se pusiesen a salvo, sin tiempo para recoger pertenencias. Se incautaron los germanos del cañón, de los aparatos de precisión, los víveres y cuantos objetos de valor encontraron y los trasladaron al submarino.

Abandonado el barco francés por los 33 tripulantes y por los marinos alemanes, el Sidney fue hundido con bombas colocadas en las bodegas a unas cien millas al Oestenoroeste del Cabo. Desapareció en diez minutos. Invirtieron 33 horas en arribar a Fisterra los náufragos en medio de un mar con montañas de agua; sin víveres, sin agua, con mucho frío y completamente encharcados, remaron en turnos muy cortos para evitar el cansancio y poder entrar en calor. Llegaron a Fisterra extenuados y con un aspecto lamentable, después de una travesía con mil penalidades.

Solo unos ejemplos

Son solo unos ejemplos de lo sucedido en el telón de fondo del litoral fisterrán entre 1914 y 1918. Y también durante la Segunda Guerra Mundial. Sucedió igualmente en Camariñas, y, en menor medida en Muxía, localidades convertidas en punto de llegada de los náufragos que lograron salvarse, y las aguas de la Costa da Morte en tumba para otros que tuvieron peor suerte. En fin, fragmentos de un rosario de historias, después de una esmerada labor de hemeroteca, que necesitamos conocer para reflexionar sobre unos sucesos de los que nuestros antepasados fueron testigos, y no protagonistas, hace más de un siglo. Podría servir como un réquiem a todas las víctimas.

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