«Dinme que teño sete vidas, pero xa gastei catro»

El fisterrán tuvo que ser rescatado por su propio hermano al caer este jueves dentro de su embarcación


REDACCIÓN / la voz

Al fisterrán Juan Agustín Traba Estévez, Tinito, ahora jubilado muy a su pesar, le ha pasado de todo en el mar, desde aquel primer naufragio en las costas de África en 1977 hasta las veces que tuvo que ser rescatado en la María o el San Guillermo, su último barco como profesional. Sin embargo, esta vez la tragedia le anduvo rondando en tierra, o más bien en el pantalán del puerto de Fisterra, donde tiene amarrada su embarcación deportiva y donde su hermano Guillermo lo rescató el jueves por la noche, sin fuerzas ya ni siquiera para quejarse.

«Fun achicar a auga da lancha, porque foi moita a chuvia que caeu, e non había luz no pantalán, que agora arranxáronlle as táboas, porque estaba cheo de buratos, pero sigue moi esvaradizo. Non sei como, pero caín dentro da lancha, que por pouco cravo o alpeu no peito e non sei que pasaría, xa quedaría alí no sitio», relata este superviviente nato, que acaba de superar un cáncer de próstata y que ha coqueteado con la muerte en más de una ocasión, la más grave en febrero del 2003, cuando pasó 21 horas agarrado a la quilla de su planeadora, María.

En esta ocasión una caída, en principio menor, pudo acabar con consecuencias muy graves. «Eu dixen, fago de tripas corazón e aínda que sexa voume arrastrando para saír, pero non podía. Unha vez deume un cólico de ril a bordo e tiven unha dor fortísima. O médico díxome que agora xa podía dicir que sabía o que era parir, porque é unha dor parecida. Pero esta vez a verdade é que non sei se non me doería aínda máis. Menos mal que veu meu irmán Guillermo que lle foi achicar a auga á lancha de meu outro irmán [son ocho] e me atopou, porque eu non creo que fose quen de saír de alí», continua Tinito, a quien todos los percances -el último en agosto del 2017 cuando tenía 61 años- le son pocos para privarle de su pasión por el mar.

«Meu pai, que se apelidaba Rey e era o rei do mar, tamén tivo un cancro de próstata e por non o tratar púxose moi malo. Pois aínda así, con sonda e todo foi pescar ata os últimos días», cuenta el fisterrán, para ejemplificar la pasión que sienten en su familia y en muchas de la localidad por una actividad que han mamado desde niños.

En su caso lleva desde los nueve años y ahora que se tuvo que retirar por enfermedad, le queda pena de no poder armar otro barco para seguir en el que ha sido su trabajo de siempre. De hecho, ya empieza a echar en falta también salir a la pesca recreativa. «Dixéronme que un mes de repouso, pero a ver se en 15 días....», señalaba ayer aún con el brazo en cabestrillo y un ojo hinchado a causa del profundo corte que sufrió en la ceja y que acabó dejando un gran charco de sangre en la embarcación.

«Por nada dou coa cabeza no cristal da ponte e aínda tería sido moito peor», reflexionaba ayer Tinito, bromeando sobre su infortunio, que dependiendo de como se mire, se puede considerar una suerte tremenda, porque de todas va saliendo más o menos airoso.

Todavía guarda en la memoria la noche del 12 al 13 de junio del 2013 cuando le reventó la batería del San Guillermo, cuando salió a pescar lubinas y acabó siendo remolcado por Salvamento Marítimo, en medio de «unha néboa tan espesa que case non me vían». O aquel día de finales de agosto del 2017 lo recogieron los compañeros del Graciela y Selene, completamente empapado, después de sufrir una vía de agua y el vértigo del que padece le dejó fuera de combate para achicarla. Lo más que pudo fue pedir ayuda por radio y todo se saldó con una visita al hospital, además de la pérdida del barco. En el 2001 ya había chocado contra tronco a bordo del Leste, que se fue al fondo, frente a Fisterra, aunque el susto verdaderamente gordo fue el del 2003. Ahí se acordó más que nunca de su hija y del Santo Cristo de Fisterra.

«Os amigos dinme que teño sete vidas, pero xa gastei catro polo menos», bromeaba ayer, al tiempo que se mostraba tremendamente agradecido con su hermano en este caso, con su mujer, María, que tan mal lo pasa ante ese empeño continuo por el mar, y con su hija, Claudia, que fue quien logró convencerlo de que fuese al médico, lo que posibilitó que le detectasen y tratasen el cáncer de próstata. «O médico díxome que lle podía estar ben agradecido á miña filla porque me salvara a vida», reconoce.

Con todo, y ajeno a supersticiones porque la mayor parte de los accidentes graves los tuvo en días 13, no pierde su alegría, casi patológica, que le han convertido en un auténtico showman del turismo fisterrán, fundamentalmente a través de la pescadería que regentan, Reymar.

«Para vida sana, pescado a la fisterrana. Lo mejor del mar en la pescadería Reymar», recita con gracia unos lemas, con los que interactúa con los clientes y que le han valido incluso alguna mención cariñosa en portales turísticos.

providencial

«Eu sentía: ‘ai, ai, ai!’, pero hasta non o vía porque non había luz. Dou volta para atrás e: meu irmán tirado na lancha cun ombro fóra do sitio e unha poza de sangue porque tiña un corte enriba do ollo. Pedín auxilio e sacámolo entre os tres colléndoo polo pantalón porque no brazo non lle podíamos tocar», relata su hermano Guillermo que lo salvó.

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