«Conseguimos cousas con moito sacrificio, sobre todo das nais»

FOTOS CON HISTORIA | Las movilizaciones en el colegio Martín Freire (ahora Mar de Fóra) arrancaron con un pararrayos y duraron año y medio


Carballo / la voz

La foto. Encierro. Un día después de que el fotógrafo Manolo Felípez tomara esta instantánea, una veintena de agentes de la Guardia Civil entró de madrugada en el Concello de Fisterra para desalojar a los padres, alumnos y docentes del colegio Evaristo Martín Freire (ahora Mar de Fóra) que llevaban días encerrados porque exigían mejoras tales como calefacción o eliminación de goteras. Las protestas por las deficiencias arrancaron ya a finales de 1990 y llegaron a su nivel máximo en los primeros días de abril. El 10, los concentrados fueron expulsados de la casa consistorial por petición del alcalde, Valentín Castreje, que incluso denunció a algunos.

Las protagonistas. Madres de alumnos. La comunidad educativa del entonces colegio Evaristo Martín Freire de Fisterra, junto a alumnos adolescentes y algunos profesores y padres mantuvieron un largo conflicto con el gobierno local. Algunas de esas madres son Teresa Fernández, Milagros Riveiro, Lola Insua, María Suárez, Manuela Valdomar, Teresa y Ana Rosa Tarrela, que aparecen en la instantánea actual, justo 28 años después de aquellos hechos con los que se consiguió incluso cambiar el nombre del centro educativo, que pasó a llamarse Mar de Fóra. Los padres consiguieron mejoras necesarias como el gasoleo para poner en marcha la calefacción.

La historia. En 1989, el colegio de Fisterra llevaba el nombre de un falangista de Ciudad Real que se había alistado voluntario para luchar contra Franco y había llegado a ser gobernador de A Coruña, todo ello durante la dictadura, ya que murió en 1972. Durante año y medio, entre finales de 1989 y mediados de 1991, los dos apellidos de aquel colaborador de Fraga en el Ministerio de Información y Turismo entre 1966 y 1969 salió en numerosas ocasiones en la edición local de La Voz de Galicia.

La tardanza en retirar un pararrayos radiactivo que estaba en la fachada del centro ya provocó una manifestación masiva, en la que medio millar de personas recorrieron la localidad durante una hora y buena parte de los escolares dejaron de asistir a clase. Solo un mes antes, ya se habían producido protestas por los constantes cortes del suministro de agua en el centro. De hecho, durante todo el mes de octubre de 1989 no hubo clase por la tarde.

A finales de 1990 arrancó una nueva queja por la mala situación del centro. El Evaristo Martín Freire era casi nuevo, pero tenía deficiencias, aunque uno de los principales problemas era la falta de calefacción. Había instalación, pero el alcalde, el ya fallecido Valentín Castreje, consideraba que no era su responsabilidad. Tampoco la reparación de goteras en la antigua escuela, que todavía utilizaban los alumnos de infantil, por lo que comenzaron las reclamaciones de padres y docentes. Además, la comunidad educativa exigía más vigilancia y limpieza.

En enero se iniciaron acciones de protesta. Los profesores iban al Concello a la hora de comer y les acompañaban algunas madres. Había asambleas conjuntas, según recuerda Teresa Fernández, que entonces estaba en la asociación de padres y madres de alumnos. «O colexio estaba moi deteriorado e o Concello non quería facerse cargo», recuerda.

El conflicto fue a más y el alcalde se defendió asegurando que las protestas de los docentes tenían finalidad política. De hecho, el pueblo se dividió. La madre de una alumna adolescente recordaba ayer en el reencuentro con sus compañeras que a su hija le llamaban la atención en determinadas tiendas porque su madre formaba parte del colectivo que protestaba. La escolar no se amilanó porque tenía muy claro que el motivo de las actuaciones era «polo colexio», le dijo a su madre. Sin embargo, Teresa Fernández recuerda esa temporada como una época difícil. «Conseguimos cousas con moito sacrificio, sobre todo das nais», recuerda.

Cada una tenía sus obligaciones. Ella entonces era empresaria y niñas y mayores a su cargo, como casi todas las otras madres.

Unas protestas tan mantenidas como aquellas son, hoy en día, difíciles de ver. «A xente é sensible á educación e á sanidade, como co tema do pediatra en Zas, pero tanto como pecharse ou manter actividades tanto tempo é difícil. Axudou moito que houbera un profesorado que apoiara», explica Teresa Fernández.

El alcalde, Valentín Castreje, terminó por ceder en varias cosas. Poco después de terminar el encierro recibió a un grupo de cuarenta padres y madres y se comprometió a reforzar el servicio de limpieza, pero se resistió en el caso del bedel, que finalmente se consiguió.

Además, la intervención de la delegación de Educación, que entonces era responsabilidad de Francisco Pérez Rivas, que terminó por mediar entre las dos partes. También a él se le manifestaron en la sede de A Coruña. Un centenar de personas se desplazaron, pero la solución terminó siendo el encierro.

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