Suarriba queda como símbolo de la solidaridad de la diáspora

Acogió un acto de memoria del esfuerzo de la ACB de Corcubión en Argentina para construir escuelas


carballo / La Voz

El pequeño patio de la escuela de Suarriba (Fisterra) es como un balcón al Atlántico. Desde allí se ve el brillo de la espuma de las olas que rompen contra la playa de O Rostro. Es el océano por el que, como dijo el alcalde de Fisterra, José Marcote, se fueron los emigrantes para América. Ayer regresaron del olvido para recordar que esas aulas fueron construidas gracias al dinero de los que hicieron fortuna al otro lado de ese mar que los niños veían y que, tal vez, también soñaban con navegarlo en busca de aventuras.

Ya no es escuela. Es un centro social y está en un lugar hermoso, junto a una fuente de agua clara y a un viejo lavadero de piedra. Allí tuvo lugar ayer un acto simbólico en el que Carmen Miñones, que un día en los años cuarenta cogió una maleta y cruzó ese mar hacia Buenos Aires, la que, emocionada y con su hijo, Carlos Óscar Ameijeiras Miñones, descubrió la placa que da fe del esfuerzo de la ABC del Partido Judicial de Corcubión en Argentina para reunir el dinero y construir esa y otras siete escuelas en los años 30. Al final, la guerra civil truncó parte del proyecto y solo se levantaron cuatro, Suarriba (Fisterra), Estorde (Cee), Nemiña (Muxía) y Pasarela (Vimianzo).

«A distancia non foi o olvido», dijo el regidor fisterrán: «Non se esqueceron», añadió Marcote. Y desde la distancia lucharon para que los vecinos no sufriesen el déficit de formación como muchos de ellos. Así, surgieron 317 escuelas y centros formativos en toda Galicia costeados por la diáspora. Destacó el alcalde también que, desde la distancia, pelearon por la libertad, algo que no siempre «defendemos con determinación».

Carlos Óscar Ameijeiras, presidente de la ACB del Partido Judicial de Corcubión, no escatimó agradecimientos, incluidos a los alcaldes de Vimianzo, Corcubión y Fisterra allí presentes. También estaban miembros de la corporación fisterrana de todos los colores. Faiscas da Pontagra tocó el himno y «A Marcha do Antigo Reino». La placa dedica la escuela a Juan Díaz Fernández, el maestro de, entre otros, el fusilado Pepe Miñones. Él fue el encargado de comprar los terrenos y de la construcción de los cuatro edificios de la Costa da Morte.

Fue un modo de restituir la identidad y dar visibilidad a la labor de los emigrantes, tal como reconoció el secretario xeral da Emigración, Antonio Rodríguez Miranda, para quien Galicia hoy es también el resultado del trabajo de la gente de la diáspora. Así, hizo un llamamiento a sentirse «orgullosos» de los emigrantes, que sembraron escuelas por toda la comunidad, como las también hechas en Ribadeo o en Dodro. Apuntó, asimismo, que «a sangría migratoria» no fue en vano, sino que contribuyó al progreso de su tierra de origen. Allí en Suarriba, está la fuente, para calmar la sed, y las aulas, para calmar el ansia de saber, dijo. Los «emigrantes forman parte da nosa historia», apuntó.

Ante la escuela de la aldea fisterrana había tres banderas, la española, la gallega y la argentina. Y es que los que «naceron alá teñen o corazón galego», concluyó Rodríguez Miranda.

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