«Para escribir las novelas hablamos a través de Messenger o de WhatsApp»

PERSONAS CON HISTORIA | Arranca la temporada turística en Fisterra y eso reducirá una producción literaria que ha dado lugar a seis novelas en poco más dos años y medio. Habla Jessica Gomes Rodrigues


Carballo / la voz

Jessica Gomes Rodrigues empezó a trabajar ayer después de cuatro meses. Es la cocinera del restaurante Arco da Vella de Fisterra y como ocurre con otros negocios de la localidad, el invierno es época de parón total. Lleva seis años así y quizá por eso hace dos y medio comenzó a poner por escrito las historias que estaban en su cabeza desde que era una adolescente. Ahora es Jess GR.

Con May Dior, una autora que se dedicaba hasta ahora a la literatura paranormal y que vive en Palma de Mallorca, ha emprendido un proyecto ambicioso. Nunca se han visto, pero ya han escrito dos libros juntas y van a por el tercero. Se conocieron a través de las redes sociales y se compenetraron bien. Su primera obra común ya se puede adquirir en papel en Amazon, la segunda está en fase de corrección y han comenzado con la tercera.

Jessica Gomes es una autora extraordinariamente prolífica. Hasta el momento tiene en su haber otras tres autopublicaciones de novela romántica contemporánea en Amazon con las que no le han sido nada mal. «La segunda, La trampa de Erin, llegó a estar en el top 10 de Amazon y El día que nos conocimos, la primera con May Dior, ha llegado al top 100», explica. De momento, de este último solo hay versión Kindle, es decir, solo se puede adquirir como libro electrónico.

El sistema es ideal para comenzar. «No se necesita una inversión inicial y se puede publicar en papel físico bajo demanda», explica. Todas sus publicaciones son ficticias completamente, pero en la primera utilizó como arranque un hecho real. Lo que trae la marea habla de un romance con el Prestige como fondo. «Yo entonces estaba en Santiago y no lo viví directamente, pero cuando vine a Fisterra la gente hablaba mucho de eso, de cuando llegaron los militares, de como revolucionaron el pueblo, de las historias que hubo, de las parejas que se formaron y de las familias que se destrozaron», explica Jessica.

A partir de ahí, Jessica se hizo con una legión de seguidoras, muchas de ellas residentes en Latinoamérica, donde tiene su mayor mercado. De hecho, no sabe de nadie de Fisterra que conozca sus obras y solo ha contactado con sus lectoras a través de las redes sociales, donde también se relaciona con otras autoras. Uno de los pasatiempos más habituales es la creación de una historia con múltiples aportaciones. En una que arrancó con una imagen conoció a May Dior.

A Fisterra llegó porque encontró trabajo de cocinera y porque sus padres vivieron una temporada en Cee. Nunca pensó que un día se dedicaría a la literatura. «Era una estudiante bastante mala», recuerda, pero una lectora voraz. «Leía todo lo que me pasaba por delante y tenía historias y fantasías en mi cabeza que alimentaba leyendo mucho», reconoce.

Cree que el motivo de su éxito, así se lo dicen sus lectoras es el lenguaje que utiliza. «Son historias narradas de forma natural, como hablo y como soy y por eso gusta. No a todo el mundo le gustan cosas más selectas, algunas personas prefieren leer cosas similares a como se habla a pie de calle», dice. Debe ser cierto lo que cuenta porque la mayor parte de las mujeres que la leen y que opinan en Amazon sobre sus obras destacan su naturalidad. «Es una bocanada de aire fresco», dicen muchas.

«Trabajamos muchas horas en verano, pero en el mundo de la hostelería es así»

Jessica Gomes Rodrigues nació en 1988 en Vizcaya, adonde emigraron sus padres en 1975 desde Vila do Conde, al norte de Portugal. Cuando ella tenía 11 años se vinieron a Galicia, donde sigue residiendo toda la familia. Su progenitor era marinero y cocinero de barco y de él aprendió el oficio. «Estudié poco, hice el graduado escolar y ya me puse a trabajar en el restaurante que tenían mis padres en Santiago», recuerda.

Ahora se dedica a la hostelería de marzo a octubre y el resto del año se centra en la literatura, aunque sabe que en los próximos días tendrá que terminar las correcciones del segundo volumen de la serie que inició con El día que nos conocimos. En verano poco tiempo podrá dedicarle. «Hay jornadas que llegamos a estar 16 horas», señala, pero reconoce que, como compensación, este sector le permite estar libre durante cuatro meses al año.

Su traslado desde Vizcaya a Santiago no supuso ningún problema para ella. Su familia vive esparcida por distintos puntos de Galicia y también visita a sus parientes de Vila do Conde. Con su compañera balear, con la que coescribe la serie de novelas sobre distintos miembros de una familia, mantiene un nivel de compenetración muy alto, no hay diferencias culturales. Sí nota una gran distancia con su ascendencia lusa. «Hay unas grandes diferencias sobre el modo de entender la vida a todos los niveles, en la mentalidad. Es muy distinto, no sabría explicarlo pero es así. Mis padres llevan aquí desde el 75 y no han pensado nunca en volver», señala.

Ella está a gusto en Fisterra. «Soy muy casera y un pueblo marinero en invierno es también muy agradable», dice.

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