Los perros que llegan con el Camino disparan costes en Fisterra y Muxía

«Non pode ser que gastemos máis cartos en cans que en emerxencia social», advierten


cee / la voz

«Non pode ser que gastemos máis cartos en cans que en emerxencia social», le espetó, más o menos con esas palabras, la interventora de Muxía al jefe de la Policía Local. Evidentemente, como señala el alcalde, se trata de una exageración para dar la voz de alarma sobre las consecuencias económicas que el cumplimiento de la Lei de Protección e Benestar dos Animais de Compañía en Galicia acarrea a las arcas de concellos pequeños que, además en el caso de Muxía y Fisterra, sufren una problemática específica asociada al final del Camino Jacobeo.

Cuentan por decenas los perros que cada año llegan con los peregrinos, casi siempre porque se los encuentran en la ruta y los llevan de acompañantes hasta estas localidades, pero «o peregrino sube no autobús ou para o hotel pero o can queda», como señala el regidor muxián, Félix Porto. «Compramos penso coma se tivésemos unha granxa», se queja, al tiempo que define la situación como otro abuso más de la Xunta de Galicia hacia los ayuntamientos. «Esta xente ten unha cámara lexislativa e ditan leis para facer responsables aos demais sen lle asignar os recursos. Así goberna calquera, ata un tonto fai reloxos. Mándannos a nós a carga sen dotación orzamentaria nin de persoal, co cal non temos capacidade nin humana nin económica para asumir isto», denuncia, el alcalde para quien «amén dos desalmados» que cometen abandonos, el problema no está con los vecinos de Muxía, porque una persona que quiere cuidar de un animal no tiene problema alguno en ponerle el microchip y registrarlo, sino con la gente de fuera, precisamente por ese efecto del Camino.

En el caso de Muxía cuentan con un refugio con instalaciones modernas porque se construyeron recientemente, pero, de todas formas tratan de que los animales recuperados pasen allí el menor tiempo posible, ya que no deja de ser un recinto muy pequeño. De ahí que lo habitual es que se haga cargo de estancias más prolongadas hasta que aparece un adoptante Xestión Ética do Abandono (XEA), con sede en Brandomil. Una empresa que goza de una gran valoración entre los numerosos concellos de la zona que hacen uso de sus servicios, pero que, como parece lógico, cobra por sus servicios.

La cuota de 5,90 euros por animal y día, que puede reducirse mediante convenios o en función del volumen, como ya ocurre con algunos municipios, entra dentro de lo razonable atendiendo a la alimentación, los cuidados y el espacio del que disponen los perros en Brandomil, pero cuando hay que multiplicarla por muchos animales supone dinero.

Por ejemplo, el Concello de Fisterra tenía la semana pasada a su cargo, entre los perros recuperados del conocido caso en el que apareció un animal ahorcado, y los cachorros abandonados en la rúa de Arriba, nada menos que 26, lo que ha llevado al concejal de Seguridade, Xan Carlos Sar, a poner el grito en el cielo, sobre todo por la pasividad a este respecto de la Mancomunidade de Fisterra. De hecho, en Fisterra incluso iban ya un paso por delante de otras zonas, al iniciar el control de las colonias de gatos callejeros, pero han tenido que ralentizar sus intenciones precisamente por el elevado gasto que supone atender estos abandonos. De ahí que Sar se haya quejado repetidamente que, después de un mandato municipal prácticamente entero y con varias presidencias de por medio, ahora la de Dumbría, en la mancomunidad no sean capaces de sacar adelante una iniciativa de verdad para hacer frente a este problema de manera conjunta. Es más, incluso cree que ya se ha trasladado la sensación de que en Fisterra tratan el caso con una sensibilidad especial y, como se hacen cargo de ellos, no pasa nada porque acaben allí los perros que aparecen abandonados por la zona. Cuando realmente sí pasa porque al Concello le supone una sangría económica.

Destino Inglaterra

Una de las fórmulas que ha encontrado XEA para darle salida a tantos animales es la de la adopción internacional. Así algunos perros de caza que aquí acaban abandonados en Reino Unido son muy valorados como mascotas. Asociaciones de este país y de otros del norte de Europa, como Holanda, cubren la mayoría de los gastos y a donde no llegan ellas el resto lo tienen que poner los concellos que así dejan de pagar la estancia de los animales en Brandomil.

Agentes de la Policía Local se quejan de que esta carga siempre recae sobre ellos

Hay concellos, como el de Carballo, que cuentan con un servicio profesionalizado, en este caso de Servigal, que se encarga de hacer frente a estas situaciones. Por ejemplo durante el año pasado recogieron a través de lacería un perro mestizo en mal estado de salud en A Brea, el 3 de diciembre, y un pitbull en Vivente, solo cuatro días después, a partir de un aviso de la Guardia Civil. Gracias a ello desde que lleva en funcionamiento se ha logrado adjudicar en adopción un total de 229 animales, mientras que otros 198 fueron reclamados por sus dueños. Eso sí, después de que se recogiesen en la calle nada menos que 766.

Ahora bien, hay otros municipios más pequeños que no cuentan con eses medios y entonces son los agentes de la Policía Local, o en su defecto Protección Civil, los que tienen que cargar con el problema, sin contar con una formación adecuada y tampoco con medios materiales específicos. «Dannos cursos na academia e na Deputación sobre o que lle temos que esixir aos propietarios e iso, pero sobre trato e iso nada», explica el muxián Manel Blanco, que entiende que recurran a ellos porque son los que están en la calle, aunque no tienen la competencia atribuida. «¿A que vai chamar o 112 un día pola tarde?, a nós claro», detalla.

Expedientado por no registrar a sus animales

Esta misma semana la Policía Local de Muxía le ha abierto expediente a un vecino de la localidad por no tener a sus perros debidamente registrados e identificados. El lunes por la mañana los agentes difundieron esta imagen de los animales que aparecieron en Santa Mariña, porque se creía que estaban abandonados. Aunque uno de ellos tenía microchip, los datos no figuraban ni en el registro autonómico ni en el estatal, con lo que ya pensaban en hablar con el veterinario que lo implantó para así dar con el dueño. No hizo falta tal maniobra porque el propietario, al que se le habían escapado de una finca, apareció y el asunto tuvo un buen desenlace. Eso sí, deberá responder por esa falta de registro.

El malestar, a más

Ya pasaron los tiempos del can de palleiro atado con una cadena al pie del hórreo. El maltrato, exigencia de microchip, los abandonos, sobre todo los protagonizados por los peregrinos y los cazadores, y las nuevas exigencias legales cargan a los concellos y a determinados servicios locales con numerosas tareas y gastos. Es necesario darle una vuelta a la situación y articular soluciones, si acaso mancomunadas, porque el malestar va a más.

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