«Los fracasados y los olvidadizos»


Hay personas que emigraron, y otras quizás escaparon. Y dentro de esa ingente marea que invadió tierras americanas a través del tiempo, fueron también numerosos los emigrantes de la Costa da Morte que perdieron todo vínculo con los que dejaron atrás, con sus familias, esposas e hijos que no recibieron ni una sola carta, ni una sola noticia del mundo nuevo, de aquella América meta sin retorno de esposos y padres, que les trajese la tranquilidad de saber que estaban vivos, sufriendo el agobio de la incertidumbre y la miseria económica al no recibir ni un solo giro, ni una sola remesa que les ayudase a sobrevivir.

Ese fue, sin duda, el patio trasero de la emigración. «Y hubo los fracasados y los olvidadizos»..., que dijo Álvarez Torneiro en La Voz de Galicia del 4 de mayo de 1991, olvidadizos que provocaron el drama de esposas que no eran ni casadas, ni viudas ni solteras..., pero sí madres. De Fisterra y Cee, por ejemplo, conozco algunos casos. También de otros pueblos y aldeas.

Uno fue el de José Papín Insua, nacido en la localidad del Cabo, hijo de José Papín Riestra y María Insua Pérez, y que estuvo casado con María de la Paz Inés Valdomar Senlle. Pues bien, José Papín Insua se ausentó para la República de Cuba en el mes de junio de 1923 sin volver a saberse nunca nada de él.

Años sin saber de los suyos

Otro ejemplo, también de la villa del Santo Cristo, fue el de José Traba Suárez, nacido en Denle-Fisterra, hijo de Ramón Traba Trasmonte y de Rosa Suárez Insua, un individuo que se ausentó para la República Argentina mucho antes de 1942. En 1952 ya habían pasado más de diez años sin tener noticias suyas, ignorando su esposa e hijos su estado, situación o paradero.

O, el caso de José Blanco, de Guimareu-Cee, que se fue hace más de 60 años para Brasil y su esposa y sus dos hijas nunca tuvieron noticias suyas. Me lo recordaba su hija Delia, también emigrante primero en Francia y actualmente en Costa Rica, en donde da clases en la Universidad.

En fin, que fueron muchos los emigrantes que fracasaron en su aventura de conseguir mejorar su situación económica y social y cayeron en la marginación y la mendicidad, o en el abandono. Y por eso cortaron todo contacto con los suyos, avergonzados quizás de su fracaso. O por otras varias razones que no analizaremos ni aquí ni ahora.

Historias sobre las que hay un desconocimiento absoluto, duras historias humanas que han quedado enterradas para siempre. En fin, emigrantes olvidados que también olvidaron.

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