El escaso tamaño del longueirón de Fisterra dispara todas las alarmas

Mar rebajó ayer el tope a 10 kilos por tripulante en las playas más emblemáticas


cee / la voz

El verano, entre cierres por toxina y demás, ya no fue especialmente bueno y las quejas por falta de capturas -especialmente por el escaso tamaño en las zonas más emblemáticas- llevan sucediéndose desde hace meses, pero ayer, con la bajada de los topes por parte de la Consellería do Mar, a 10 kilos por tripulante en las principales playas, sí que han saltado definitivamente todas las alarmas sobre la situación en la que se encuentra la navaja y el longueirón de Fisterra.

El propio patrón mayor, Manuel Martínez, reconoce que él habla habitualmente con el biólogo de la cofradía y «hai preocupación, porque na Langosteira é moi pequeno...» Aunque señala que las decisiones deben tomarlas «os de arriba», en referencia a la Xunta, con datos técnicos; sí cree que incluso le puede pasar factura a la propia cofradía «porque é un dos produtos que máis se poxa, dos máis importantes», junto con el pulpo y algunos pescados de los principales.

La cuestión ya no viene de ahora, porque como explica el presidente de los mariscadores, Juan Traba, llevan ya bastante tiempo viviendo de «Carnota e nada máis», porque la situación de A Langosteira es conocida y «en Sardiñeiro había algo ao primeiro», pero enseguida se toparon con el que -aquí todos están más o menos de acuerdo- es el problema principal: la escasa talla, «porque marisco hai, pero é moi pequeno», como concluye Traba.

Respecto a las causas existen posturas divergentes, pero cada vez se inclinan más hacia un problema de sobreexplotación debido al empleo de respiración artificial en zonas en las que tradicionalmente solo se iba a pulmón, lo que permite faenar muchos más días al año y en casi cualquier situación. El presidente del colectivo no se mete en eso, considera que deben hacerlo los expertos, pero hay quien sí se muestra rotundo, como Guillermo Traba. «Isto nunca pasou e levamos dende o ano 82. O que hai que facer está claro: retirar o aire de terra. Deixalo solo para as zonas de fóra, coma Carnota e a partir dunha profundidade. Iso e, ademais, praias como A Langosteira, Talón, Fornelos, Estorde e O Ézaro hai que darlle un ano mínimo de paro biolóxico. Eu entendo que a xente ten fillos, ten hipotecas e precisa traballar. Haberá que pedir algunha axuda de algunha maneira, pero así non podemos seguir porque son coma palillos e o que facemos é romper todo», resume el fisterrán, que no niega que haya otros factores. «Por suposto que o cambio climático pode influír, como inflúe no polbo e en todo, pero temos que aprender a traballar con iso. Se non os collemos ata que dean a talla de 40-un quilo, non a 65-70 que é a talla legal, matas moito menos longueirón e ese que é grande desova moito máis. O grande que está por fóra tamén desova cara a terra», insiste Traba, quien incluso se plantea la posibilidad de trasladar cría, que la hay y mucha, a las zonas más castigadas.

Por el momento, al margen de este recorte de topes, los propios mariscadores tienen cerrado A Langosteira y Sardiñeiro, con lo que hay que esperar resultados.

«O problema é o compresor, aquí estamos indo en apnea e collemos os topes igual»

Con la zona de Laxe cerrada desde agosto hasta mayo, la otra explotación de longueirón y navaja que queda en la Costa da Morte es la que trabajan de manera conjunta los profesionales de Muxía y Camariñas, donde, por el momento, el panorama es bastante más alentador.

«Aquí hai calidade», señala Suso Lema, uno de los profesionales para quien el enemigo del recurso está más que claro. «O problema é o compresor, porque vas con moito mar, con pouco mar, con augas limpas, sen augas limpas, a moito fondo... Acábase con todo. Nós estamos indo en apnea e collemos todos os topes igual», detalla el profesional, que tampoco se queja del precio, ya que después del último cierre por toxina llegaron a vender el longueirón a 14 euros y «non baixando de nove merece a pena».

De hecho, ayer, por ejemplo, salieron a faenar 4 lanchas con 11 personas en total y entre esos submarinistas hay varios de Fisterra, que precisamente se movieron de zona en busca de producto.

«Ten unha textura que é manteiga pura»

Marcos Seoane, del Río Sil de Carballo, incide en que «coa navalla de fóra xa non hai cor», pero incluso dentro de la de aquí «o longueirón de Fisterra, o pequeno, ten unha textura que é manteiga pura», señala el cocinero, que por supuesto considera que se trata de un producto a mimar, al que le guarda un lugar importante en la carta. «Se cadra porque a min gústame traballar sempre que podo co produto de aquí igual lle dou un valor especial, pero é que é moi cremoso, suave... Iso si, ten que estar moi fresco, o marisco todo, pero o longueirón e o berberecho especialmente porque aguantan moi pouco tempo fóra», añade Seoane, sobre una vianda en la que el preconiza la mínima intervención: «Tiralo na prancha e no momento que abra un chorriño dun bo aceite. Nada máis. A navalla de abaixo, a pequeniña, tamén está moi boa, pero eu xa che digo, quedo co longueirón de Fisterra».

«O 100 % recoñéceo como espectacular»

Fran Insua, de O Fragón, trabaja con el producto estrella de su pueblo desde el principio, incluso acompañando a los buzos en degustaciones fuera de Fisterra, y solo habla maravillas. «Nós traballamos sobre todo o longueirón pequeno, de 11-12 centímetros, que está sobre todo en area, nun mar batido, como pode ser o de A Langosteira, e iso distíngueo da navalla, que normalmente está más a dentro, cara a Cee, en fondos máis terrosos, porque está filtrando continuamente. Tamén por iso a navalla ten a cuncha máis escura», señala el restaurador, que para cocinarlo propone «sempre tixola, nunca prancha, sobre un minuto e sen nada. Un chorriño dun bo aceite por riba mentres acaba de abrir e ala. Nada de limón. O 100 % da xente que o proba -aquí con poucas meses tés tempo para explicarlle as cousas- recoñéceo como espectacular», concluye Insua a quien incluso le da «pena que non se coide máis», como emblema que es.

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