«Utopía» de Tomás Moro no era una isla, sino un monasterio

La cooperativa Aurora de Buxán, que se instaló en Ozón, ha iniciado los trámites para su disolución


carballo / la voz

Al margen de por su oposición de la reforma protestante, Tomás Moro es conocido como el autor de Utopía, donde habla de una sociedad perfecta, donde la propiedad era común y no existían los conflictos. Era nada menos que 1516 cuando la obra vio la luz y casi desde entonces, ese anhelo se llama como el libro de ese británico canonizado.

Eso es lo que quisieron montar en Fisterra, María Loreto Cristóbal Torres, ya fallecida; Soraya Moret Llorens, que ha vuelto a su Valencia natal y la coruñesa Marta Rey Iglesias, que ha quedado como «única socia liquidadora» de la cooperativa Aurora de Buxán, que nació en el 2011. El trío se había conocido en el albergue de Foncebadón, seis años antes. Hacían el Camino de Santiago y decidieron promover un nuevo sistema de vida, una Utopía que no era una isla, sino una parcela en Buxán, donde cada miembro haría el trabajo que le gustara y tendrían suficiente para vivir.

El grupo se topó con el primer escollo de realidad cuando por falta de PXOM les negaron la autorización para levantar la casa común en la aldea fisterrana. De algún modo llegaron a Ozón y negociaron con el Arzobispado la cesión a cambio de trabajo, pero acabaron aceptando un alquiler que Marta Rey calificó de «moderado».

El 21 de junio se celebró la asamblea general ordinaria, en la que se acordó la disolución. Al margen del alma un tanto hippie del grupo y de sus objetivos, las socias batallaron para ser reconocidas como cooperativa, aunque sin ánimo de lucro, por lo que las reuniones y las actas están todas publicadas.

Anterior asamblea

La anterior fue hace poco más de un año, y entonces ya se hablaba de las diferencias entre Aurora de los Caminos y Aurora de Buxán y también de Aurora Sinfín, que es el conjunto de las dos, «hogar de aprendizaje, colectivo, reposo, experimentación, sanación, ocio creativo, meditación y convivencia en fraternidad», que finalmente no fue tal.

Había que aportar el 10 % de los ingresos brutos y toda una serie de obligaciones, que no debieron ser seguidas por todos sus miembros. Además, de la cooperativa se creó una asociación, que se mantiene en San Martiño de Ozón, con al menos dos miembros.

La disolución de la cooperativa no es un tema baladí, por muy elevados que hayan sido los pensamientos del grupo, muy diezmado por los conflictos internos. Ahora es necesario aclarar varias cuestiones económicas que solo pueden zanjarse con la disolución de la entidad, que recibió a lo largo de estos años ayudas públicas y dinero procedente de alguno de sus socios. A pesar de ello, Marta Rey, reconoce no estar preocupada por recuperar el dinero que invirtió en el proyecto.

Un nuevo intento cerca de Fisterra

Marta Rey está hace tiempo en Buxán, donde ha levantado una nueva Aurora de los Caminos. En una casa casi a medio hacer recibe a peregrinos y a los que necesiten ayuda. Las dos personas con las que puso en marcha su proyecto ya no están presentes, aunque con Soraya Moret mantiene contacto y de hecho participó en la última asamblea vía whatsapp. Ahora monta talleres, al igual que hizo anteriormente en Ozón. Ha llegado ahora a la localización primera, la que debió haber sido desde el principio.

Presta asistencia básica a los caminantes y comparte vida con un compañero, su hija de 10 años y «ponis y perros». De hecho, algunos sospechan que el burro que apareció en Fisterra procedía de su casa. Aseguran los vecinos que no es extraño que se escapen los animales.

«Hicimos cosas mal», reconoce, pero, además, «el mundo no está preparado para estas historias», dice Marta Rey, que no piensa desistir.

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