Cómo han cambiado las cosas


Estos días surgió un intenso debate sobre el Kilómetro 0, el del Fin do Camiño. Los fisterráns dicen que la Xunta de Galicia movió los marcos; pero, más que moverlos en realidad duplicó los mojones. En fin, así se hace la historia con minúsculas, tomando decisiones con el objetivo de «engañar» a la verdadera Historia, la que escribimos con mayúsculas. Y también a los peregrinos, todo para promocionar el turismo en la localidad del poeta Gonzalo López Abente. En todo caso, podríamos pensar que este error, quizás «malicioso» de la Xunta de Galicia, de colocar un Kilómetro 0 en Muxía, es el Kilómetro 0 del Prestige, justo al lado de la famosa y deforme A Ferida.

Estas decisiones de la Xunta de Galicia no deberían distanciar a los vecinos de uno y otro pueblo, Fisterra y Muxía, Muxía y Fisterra. Lo que sí pienso, es que los fisterráns deberían ser más creativos y poner en valor todo aquello que está relacionado con el Fin do Camiño y la puesta del sol que promocionó el romano Décimo Junio Bruto. Que, por cierto, no era de Fisterra, igual que Francisco Esmorís Recamán o Benxamín Trillo, por poner algunos ejemplos; y que pusieron más que un grano de arena para poner en valor las fortalezas legendarias, y las visitas de peregrinos en la Edad Media, en las tierras del cabo Fisterra.

Artículo inglés

El 25 de septiembre de 1910 apareció en las páginas de La Voz de Galicia un artículo firmado por el periodista inglés, A. R. Hill, titulado «Los peregrinos a Santiago». Entre otras consideraciones afirmaba: «Todavía van peregrinos a Santiago; pero su antigua grandeza en este aspecto, ha desaparecido. El año pasado fue un grupo de ellos de Inglaterra, presidido por el arzobispo católico de Westminster, y otras personas de representación e influencia de nuestro país. El peregrino de hoy, es sin embargo, por lo regular, aldeano, cuando no un mendigo profesional, disfrazado, que con su bordón y sayal frailuno, se cubre libremente de conchas naturales y medallas baratas con representaciones de santos, que cuestan unos peniques en los alrededores de la catedral».

Ahora, sin duda alguna, la cosa es distinta. Y un ejemplo de ello es la transformación económica y la transferencia de recursos humanos de la pesca a la hostelería, experimentada tanto por Fisterra como por Muxía en los últimos años, aunque también se mezclan en esta riada algunos de los que señala el periodista inglés. Y, no puede evitarse. Lo que sí deberíamos evitar son los localismos y unirnos todos para que esta riada que favorece económicamente a toda la Costa da Morte, a unos más y otros menos, no desaparezca.

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