Ser ganadero en Cabana sale más barato que en la comarca de Fisterra

Los precios del terreno rústico varían en hasta 15.000 euros por hectárea en la zona


Carballo / La Voz

Existen muchos factores que condicionan el devenir de una explotación agrícola: el valor de la leche, el coste al alza del gasoil o el precio a pagar por la compra o alquiler de terreno para la producción forrajera. Según un estudio desarrollado por el Observatorio Galego de Mobilidade de Terras, hay diferencias palpables, no solo entre provincias o comarcas gallegas, sino, incluso entre municipios. En la Costa da Morte, Cabana es el municipio en el que más barato se pagó el metro cuadrado de tierra en el período 2014-2016 (a menos de medio euro); mientras que Cee, Corcubión, Dumbría y Vimianzo se situaron en el extremo opuesto (entre 1,5 y 2,5 euros por m2). Así, la diferencia de comprar una finca, de una hectárea, en Cabana a adquirirla en Fisterra puede variar en hasta 15.000 euros.

Alquileres

Eso en cuanto a operaciones de compraventa, aunque no es el modelo más habitual a seguir por los ganaderos, que siguen prefiriendo el alquiler por varios motivos: el apego que los propietarios siguen teniendo a sus fincas, los precios desorbitados que llegan a alcanzar en zonas de especial producción lechera y la complicada situación que atraviesa el sector. «Non lle vexo eu un futuro moi claro ao sector, entón ante as dúbidas case mellor non ter moita terra en propiedade», explica el productor dumbriés José Antonio Casais al respecto.

En la zona de Olveira, donde está asentado Casais, se ha ido aliviando poco a poco la gran presión sobre el terreno que hubo hace unos diez años: una enorme demanda por parte de los productores que hizo que escaseara la oferta y se dispararan los precios. «Segue habendo unha certa presión», puntualiza, pero poco a poco va habiendo más oferta y, aunque elevado, el importe a pagar ha disminuido. Pese a todo, «segue indo cara a terra»: alquileres de 18 a 20 euros por ferrado (un ferrado son 424 metros cuadrados en su zona). Esa estabilización paulatina se debe a que muchos productores están ya «asentados» (no necesitan más terrenos), muchos otros han dejado el sector al no verlo viable y además se ha convertido mucha superficie forestal en terreno agrícola.

Incide en este último aspecto Teresa Carril Otero, que tiene una explotación de unas 90 cabezas de ganado en Anllóns (Ponteceso). Apunta que con la entrada de las nuevas normativas forestales, que obligan a mantener los montes limpios, son muchos los que optan por vender la madera y reconvertir las parcelas, siempre que se pueda, en terreno agrícola. Eso cuando no lo venden todo directamente: «Hai xente que vive fóra, ou que acaba de recibir unha herdanza, que non quere os terreos para nada e que prefire desfacerse deles».

Concentraciones parcelarias

Las parcelas en Anllóns son, gracias a la concentración, de mayor tamaño y más «xeitosas» y además el precio no es demasiado elevado (después de Cabana, es el municipio más barato, pagándose el metro a unos 60 o 70 céntimos), lo que atrae a ganaderos de otras comarcas, pese a los costes que ello acarrea.

A moverse y a buscarse la vida incluso fuera de su concello está acostumbrado Roberto Moreira, que tiene una explotación en Salto (Vimianzo). «Mentres que nalgunha zona a demanda de terras é tan alta que os prezos son desorbitados, noutros lados está pouco menos que regalada», indica. Casi no se plantea comprar (calcula que un 60% de las 80 hectáreas que cultiva son de alquiler) y en algunos casos incluso opta por comprar directamente algunos tipos de forraje, ya que producirlos le saldría demasiado caro. «Ao final é a lei da oferta e da demanda. E aquí a demanda é brutal: cando un gandeiro deixa unha finca practicamente hai outro detrás para alugala. Outros produtores sorpréndense dos nosos prezos», añade.

Pocos movimientos

José Manuel Andrade, director de la Fundación Juana de Vega, explicó recientemente en Voces do Agro que en los últimos años ha habido pocos movimientos de terreno: 40.000 operaciones de compraventa en 2016, que supondrían unas cerca de 15.000 hectáreas. «Hai comarcas e concellos nos que hai máis movementos, pola súa maior vocación agraria principalmente, sobre todo de vacún de leite», decía Andrade.

En la Costa da Morte, el porcentaje de movilidad de terrenos es inversamente proporcional a los precios: Cabana es el municipio en el que más operaciones hubo (período 2014-2016), y Cee, Dumbría y Zas, los que menos.

«A miña nai é de Chantada e alí practicamente regalan as terras»

Hay que tener suerte para muchas cosas en la vida, incluido en donde se nace o establece uno. Roberto Moreira, que tiene una granja en Salto (Vimianzo), explica que en la zona de Chantada, de donde es su madre, «practicamente regalan as terras». Sobran los terrenos en la provincia lucense, «onde as explotacións gandeiras están moi dispersas» e, incluso, algunos propietarios pagarían a los ganaderos para que estos limpiasen al menos sus terrenos. «Aquí case todos optamos por alugar, e nesta zona estanse pagando uns prezos que roldan os 15 ou 20 euros por ferrado [424 metros cadrados]», añade Roberto, que cita a Dumbría, Vimianzo, Santa Comba y Mazaricos como algunos de los municipios en los que hay una mayor demanda de superficie agrícola.

Casais, en su explotación de Olveira, en 2012
Casais, en su explotación de Olveira, en 2012

«O problema é o minifundismo, que lastra moito a economía»

José Antonio Casais cultiva unas 23 o 24 hectáreas de terreno, y para lograr tal extensión necesitó hacerse con 12 parcelas. «E aínda non está tan mal, porque a media de extensión das miñas fincas é de 2 hectáreas. Cando alguén me chama para levar unha finca de media hectárea algo lonxe xa nin mo plantexo, porque economicamente non é rendible», indica Casais, en relación al que considera el mayor problema de los ganaderos en cuanto a los costes de producción. «O problema nas terras non é tanto o prezo, senón o minifundismo, que lastra a economía dos produtores». Además, considera que el problema está en la mentalidad: «Temos un terreo espectacular e tremendamente produtivo, e non está aproveitado. A competencia europea está moito máis preparada e mellor estruturada ca nós».

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