Sopapos en la cara del fin del mundo


Todavía resuenan los gritos, los palos y las bofetadas del domingo, que más allá de quien lleve razón o deje de llevarla, han dejado a dos familias enfrentadas, un ambiente muy enrarecido y seguramente consecuencias a distintos niveles para los implicados: desde el económico, porque por lo de pronto ya han perdido días de trabajo, hasta el judicial. Sin embargo, ni siquiera la pelea del domingo a mediodía, a la vista de numerosos vecinos, es lo más grave de lo que está pasando, o de lo que puede llegar a Fisterra si no se toman medidas, con un examen de conciencia colectivo.

En estos días tocaba hablar de las buenas perspectivas turísticas para el verano, de las nuevas iniciativas -algunas de ellas bastante bien pensadas- o de lo que siempre ha caracterizado a la localidad del Cristo: la creatividad de los vecinos y las ansias de diversión, ahora ejemplificadas de nuevo a través del Carnaval de verano. Incluso en lo institucional hay algunos motivos para el optimismo, como la nueva oficina de información o la incorporación por primera vez de un número más o menos aceptable de técnicos, habida cuenta del interés que el sector tiene para la localidad. Es más, seguro que con rascar un poco entre los cientos, miles ya, de visitantes que recibe Fisterra cada semana hay historias dignas de mención y, al menos, gente con la que mantener una conversación abierta que contribuya a acercar aún más la localidad a lo que verdaderamente es: un hito señalado en la construcción de la cultura europea.

Ahora bien, en lugar de todo eso de lo único que se habla, en el pueblo y fuera de él, es de problemas, de conflictos entre vecinos, de ansias desmesuradas de lucro a cualquier costa, del peregrino como mercancía y de la búsqueda de la diferencia en lugar del entendimiento.

El nacimiento de dos asociaciones en cuestión de días, además una como reacción a la otra, deja bastante claro el nivel de sintonía que existe entre el empresariado, con lo que los instrumentos de concordia lanzados desde el Concello parecen algo así como un chupito de agua contra la erupción del Etna.

La piratería empresarial, consecuencia del rápido crecimiento, la falta de profesionalización y una arraigada herencia de mirar para otro lado, porque el que más y el que menos tiene algo que callar, se ha convertido en la norma, en lugar de la excepción. No se trata, ni mucho menos, de algo exclusivo de Fisterra, pero tampoco que nadie se lleve a engaño porque la Costa da Morte, a nivel turístico, es lo que es por Fisterra. Del rumbo que marque el buque insignia depende en buena medida el destino del resto de la armada y los sopapos no parecen muy buena carta de navegación.

Autor J. V. Lado CIUDADANA

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
6 votos
Comentarios

Sopapos en la cara del fin del mundo