Lugares emblemáticos ya padecen de manera regular grandes atascos

El buen tiempo del fin de semana generó grandes afluencias de visitantes


carballo / la voz

La llegada del buen tiempo, unido a fines de semana con fechas emblemáticas -como ocurrió el domingo con el día de la madre-, acarrea las habituales procesiones de vehículos y visitantes a los lugares de la comarca no menos emblemáticos. Y, como es tradición desde hace años -el problema es endémico, o eso parece- se generan los habituales atascos sin que se tomen medidas efectivas, pese a los intentos. En todo caso, los problemas van a más, porque los visitantes también crecen.

El domingo se volvieron a ver en lugares como el Cabo Vilán, cuya explanada no está preparada para las avalanchas. Y mucho menos para cuando esa zona está prácticamente abarrotada y aparece un autobús, lo que obliga a realizar numerosas maniobras. Numerosos vehículos aparcaron carretera abajo, lo que tampoco está nada mal porque el paseo merece la pena, pero no hay zona habilitadas. Ya se trató en varias ocasiones, desde el Concello y desde los empresarios, con la Autoridad Portuaria, para habilitar una zona de estacionamiento, pero de momento sigue todo igual. Y a quienes les toquen los momentos de máximo atasco no les queda más remedio que tener paciencia.

En O Ézaro, otro de los reclamos fundamentales de la Costa da Morte y de la provincia, sí han empezado a buscar soluciones, aunque en este caso tienen la ventaja de que la carretera de acceso es local, y así se puede restringir u ordenar la circulación con más facilidad. El estreno fue en Semana Santa, centrado en los autobuses: en los momentos álgidos, desde la carretera principal no se podía pasar. Los ocupantes tenían ante sí un kilómetro a pie por el bulevar y hasta la cascada. «Se fai bo tempo non hai problema», señalaba ayer el alcalde, José Manuel Pequeño. Si la afluencia es menor, se puede gestionar al minuto, permitiendo la llegada de los buses hasta la primera explanada, donde están los kayaks, sin pasar a la parte más peatonal. Esa gestión funciona, pero requiere personal, y seguramente hasta los días claves del verano no se vuelva a repetir. Como en Vilán (y como en los demás lugares de relevancia) el trayecto a pie es recomendable. De hecho, es así como funciona en los lugares de interés de la mayor parte de España y países próximos. En la Costa da Morte no se ha diseñado un plan ante la avalancha de visitantes que ha comenzado a llegar en los últimos tres lustros. Hasta hace relativamente poco se podía aparcar a dos metros de la puerta del santuario de A Barca, y hace el giro completo con el coche. Hoy es impensable. Desde Protección Civil señalaron ayer que, en días de gran afluencia, si hay solo un autobús o dos que coincidan, giran justo en la zona de acceso, con la subida a la izquierda y el cruceiro (su entorno también está rodeado siempre de vehículos) a la derecha. Dejar el coche en el puerto y acceder caminando es, de nuevo, recomendable.

Fisterra es uno de los lugares de Galicia donde más se ha debatido esta cuestión, como ocurrió en su día con la Torre de Hércules o, más recientemente, en As Catedrais, y por descontado en espacios emblemáticos de cascos históricos, pero esa ya es otra variable. Los ejemplos tan similares de los extremos de Inglaterra, Francia o Portugal siempre triunfan sobre el papel, pero no en la práctica. Incluso ganan en los debates plenarios, como ocurrió recientemente al solicitarle a la Autoridad Portuaria la cesión de la carretera para poder hacer algo («polo menos arranxar os baches», lamentaba ayer teniente de alcalde, Xan Carlos Sar), pero no tienen noticias ni positivas ni negativas. Y cuando finalmente lleguen la positivas (la cesión) tampoco será tan fácil, porque no se podrá cortar la vía sin más. Habrá que habilitar aparcamientos, proporcionar medios de transporte alternativos y ecológicos a quienes no deseen o no puedan subir a pie, gestionar los días y horarios de los cortes... En todo caso, si en los demás.

Mientras tanto, el Concello espera contratar a dos personas para que regulen o gestionen los aparcamientos a partir de junio, y que al menos se respete el espacio reservado a los autocares, lo que no siempre ocurre, lo que provoca aún más embotellamientos. «E o que non o faga, avisarase á Policía Local», advierte Sar, como ya pasó más veces. «Por sorte, a maioría soe facer caso», indica.

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