«A min sacáronme xa sen forzas e os outros tres estaban mortos no tanque»

El marino fisterrán José Antonio Traba recuerda cada detalle del día en el que estuvo a punto de morir

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CEE / La Voz

Acababa de celebrar un cumpleaños que a punto estuvo de ser el último. «Foi o 8 de xaneiro de 1971. Tiña 23 anos e un día», explica José Antonio Traba Domínguez, O Conexo, un marino mercante y pescador fisterrán que ahora disfruta de la jubilación en su localidad natal con su familia básicamente por un golpe de suerte, porque otros compañeros no tuvieron tanta aquel fatídico día en el puerto de Barcelona.

Como él mismo explica con igual viveza que si ocurriese hace un par de semanas, llevaba 14 meses embarcado y estaba a punto de poner rumbo a casa. Habitualmente transportaban cargas desde el continente americano, pero también desde otros puntos del globo y en esa ocasión tenían una de yute, una fibra textil, además de hueso molido, otro producto que se emplea como fertilizante. Incluso recuerda que había dos cajas grandes, una con destino a Génova y otra a Marsella.

«Eu estaba na popa botando un cigarro, porque na proa non se podía fumar, e recordo que había tamén un vello de Ares. Chamaron que caera un home abaixo, a dentro dun tanque. Fun e xa había tres. Eu caín tamén e sacáronme para fóra enriba dun panel do tanque, xa sen forza para moverme. Fun o único que sobrevivín, os outros tres xa estaban mortos dentro», relata Traba, que cuando llegó a su pueblo, más o menos recuperado aunque todavía hoy arrastra secuelas en la garganta, lo veía todo extraño. «Non coñecía Fisterra, había unha árbore de Nadal grande na praza e estaba todo moi cambiado. Decateime cando vin ao finado de meu pai alí nun bariño», dice el marino, a quien esperaban todos en casa. «A compañía xa mandara telegramas, porque meu irmán tamén estaba para embarcar nese barco e cando cheguei tiña a casa chea de xente, estaba ata o cura», añade.

Pese a la experiencia del Ondarroa, O Conexo, que es como lo conocen mayoritariamente en Fisterra, no dejó el mar, e incluso siguió en la misma compañía, la otrora potente Naviera Vizcaína, que llegó a gestionar buques con más de un millón de toneladas de arqueo en su conjunto. Llegaron los petroleros y, con ellos incluso alguna visita a países en guerra, donde no sufrieron incidentes, pero la tensión y las precauciones eran máxima. «Había que levantar as mangueiras a terra con cabos», recuerda Traba de aquella época en la que los sabotajes y los peligros a los que se exponían eran constantes.

La historia de José Traba Domínguez empezó bastante antes del incidente del Ondarroa y de que imaginase siquiera que iba a recorrer el mundo embarcado. «Con nove anos comecei por aquí con meu primo ao xeito e despois xa fun co finado de meu pai. Fixen o servizo militar na Mariña e despois foi cando me metín na Naviera Vizcaína», relata. También fue un tiempo al Gran Sol y acabó su carrera en la pesca de bajura nuevamente, después del paso por los petroleros, que sucedió a su experiencia en los cargueros.

De hecho, en parte se arrepiente porque ahora está «cobrando un miseria de 700 e pico euros ao mes», cuando las jubilaciones de la mercante y sobre todo de los petroleros son bastante más sustanciosas. En cualquier caso contaba con razones de mucho peso para abandonar aquella profesión y regresar a casa. «Eu medo o que se di medo nunca tiven, o que tiña era dúas rapazas pequenas e por iso decidín vir», detalla, para dar a entender que le preocupaba más su familia que los peligros a los que se podía exponer en el mar o al dinero que se ganaba en aquellas actividades.

Con todo, y pese a que José todavía siente a diario en su garganta los efectos de aquella intoxicación, disfruta de una vida bastante apacible en su localidad natal al lado de los suyos. De hecho, como muchos otros fisterráns de todas las edades, se implica bastante en la peña de animación de la Sociedad Deportiva Fisterra por esos campos de la Costa da Morte. «Aínda bailo a muiñeira se fai falta. Alá a onde imos facemos festa, niso somos os mellores», resume el jubilado, como muestra de que cada etapa de la vida tiene siempre elementos que disfrutar, si se sabe llevar con humor.

Hundido meses después

El carguero Ondarroa, gemelo del Bermeo y botado el 11 de abril de 1964 en la Naval de Sestao, fue hundido por la aviación India en el puerto de Chittagong, en la actual Bangladés, durante la guerra de independencia de Pakistán el 6 de diciembre de 1971, según recogen varios sitios web especializados en historia naval. No se produjeron bajas gracias a que la tripulación pudo abandonar el barco antes de su hundimiento. En esos momentos seguía dedicado a la carga general, sobre todo de grano.

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