Un fardo de caucho que llegó a Sardiñeiro evoca los tiempos de hambre en las guerras

El estudioso local de los naufragios Pepe de Olegario cree que es de un mercante hundido por un submarino nazi

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cee / la voz

Hoy no es más que un residuo, de los muchos que asedian las playas de la Costa do Morte y de todo el mundo, pero en los años 40, 50 e incluso a principios de los 60, tiempos de verdadera hambre y mucha necesidad en numerosas familias de la zona, encontrar un fardo de caucho como el que ayer apareció en la playa fisterrana de Sardiñeiro, y que no te lo quitase la Guardia Civil, suponía una auténtica fortuna, bastante más de lo que un albañil o un marinero ganaba en todo el año.

Lo explica José López, Pepe de Olegario, un patrón de pesca jubilado, que vive frente a la playa y es muy conocido por sus estudios sobre naufragios, que registra en cartas náuticas que son auténticas obras de artesanía en sí mismas.

«Pesaban entre 80 e 100 quilos e podíanche pagar por el hasta 100.000 pesetas. Agora ben, se cho collía a Garda Civil tiñas un problema gordo. Hai que darse conta que eran tempos nos que non había nada. España quedou illada de Europa, os homes ían á guerra e nas fábricas non se producía. As cousas viñan de Portugal de contrabando e, mira como era a cousa, que o zapateiro comprábache a sola, a goma, dunha zapatilla vella», relata López, para dar a entender hoy día lo que significaba un producto con tantas aplicaciones.

Incluso tiene sus propias experiencias personales al respecto. «O finado de meu pai atopara un, cargárao na carretilla e tíñao enterrado na horta. Vén a Garda Civil, que debeu recibir algún chivatazo, e reviroulle a casa toda. Non llo atopou e despois, pasado un tempo, vendeuno. Eu case non me acordo diso porque era moi pequeniño, debía ter uns tres anos. Do que si me lembro ben é de un que aparecera nunha furna en Sardiñeiro. Dous homes -un xa morreu e outro aínda vive- levárono para o monte e cortárono co machado, porque pesaba moito, para traelo en anacos. A min, que debía andar polos 10 anos, déronme 20 pesos para que calase a boca», recuerda el marinero hoy jubilado.

No era algo excepcional, porque en plena II Guerra Mundial había vecinos día y noche por las playas y montes de la zona en busca de este tipo de hallazgos, que en el caso concreto de los fardos de caucho, aunque López no es capaz de asegurar la ubicación exacta, está convencido que proceden de un carguero hundido por un submarino nazi cerca de la costa fisterrana. El hecho de que estas pacas de láminas de caucho, que es como viene el producto en bruto antes de procesarlo, emerjan ahora se debe, desde su punto de vista, a que el casco metálico del barco se va descomponiendo con el tiempo y libera la carga de sus bodegas. Eso explicaría que por uno de los lados el fardo esté lleno de óxido, aunque en este caso concreto también está cubierto de lodo lo que, en palabras de José López, responde a que pasó ya tiempo a la deriva.

De hecho, no es el único de características similares encontrado en la zona en las últimos semanas. Apareció uno en Fisterra, otro al sur de la playa de O Rostro y otro en los bajos de Mallou, en Carnota.

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