Vendaval de emociones en Fisterra

La escenificación del eje central de la fe católica se resintió en asistencia por el tiempo pero triunfó en belleza plástica

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cee / la voz

La megafonía escuchada desde la subida de la cuesta del tanatorio sonaba intensa, incluso excesiva, pero a medida que el último tropel de visitantes más rezagados, algunos con la mochila de la peregrinación todavía a cuestas, se acercaba al atrio de Santa María das Areas, todo empezaba a cobrar sentido. Con el mensaje del evangelio como narración, guion y trama argumental las piezas iban encajando para darle forma a uno de los actos centrales de la Semana Santa de Fisterra y también eje primordial de la fe católica. Así, el Domingo de Resurrección quedó convertido en una historia, aunque ya de sobra conocida, no por eso menos intensa y emocionante para los fisterráns, así como atractiva para los muchos centenares de visitantes, que se dieron cita en menor cantidad que otras veces, por el frío y el viento, pero disfrutaron como siempre con la belleza plástica de la representación.

El estruendoso temblor dio lugar a la aparición del ángel y a la huida a la carrera de los soldados romanos, para anunciarle a María Salomé y María de Santiago que el sepulcro estaba vacío e iniciar así toda la liturgia en la que los discípulos de Jesús comprueban que se había obrado el milagro como estaba anunciado y que en la cripta ya no quedaba más que el sudario y las vendas del hijo de Dios.

«É moi emocionante transmitirllle á xente e que sintan ese momento especial, como é a solta das pombas, cando se anuncia a resurrección», explicaba Carlos Álvarez, que cogió el testigo del patrón mayor, Manuel Martínez, en el papel de San Pedro, uno de los principales. Tenía ganas, porque después de haber interpretado a San Juan, durante los últimos años no pudo asistir debido a que, como muchos de sus compañeros, trabaja fuera, en este caso en A Coruña. «Hai xente que incluso está en Madrid, pero somos máis ou menos os mesmos todos os anos, o que nos coordina aporta moito, Manolete tamén nos axuda e así imos facendo para quedar un tempo antes e ensaiar», detallaba.

También con emoción y orgullo cogió María Díaz, el papel de María Magdalena, aunque en su caso ya es el tercer año en un papel que le viene por herencia familiar. Señalaba que «para nosotros siempre es el mejor día, haga el tiempo que haga», al tiempo que reconocía que siempre hay nervios, sobre todo en el momento de salir y toparse con la multitud que espera una buena representación, más en el caso de los fisterráns, que se la saben de memoria y llevan viviéndola desde niños.

Con todos esos elementos, y el alcalde portando el estandarte al frente de la comitiva, el momento en el que Pedro alza los brazos y se inicia la suelta de palomas, se convierte en algo mágico. Ayer no fue menos, porque con la banda de la Escola de Música de Cee, la pirotécnica -bengalas de colores incluidas- desembocó en un pequeño éxtasis colectivo coronado por los aplausos.

La misa, ante el viento que hacía fuera, abarrotó de fieles y curiosos el templo de Santa María das Areas, pero antes todavía hubo tiempo para un par de detalles más imprescindibles en un día como este. Las niñas que tomaron la primera comunión el año pasado interpretaron la Víctima Pascual, seguida por la Danza de Paus, otro elemento clave de la liturgia fisterrana, con lo que, al final, quedó un Domingo de Resurrección a la altura de lo que se espera en la Semana Santa emblema de la Costa da Morte.

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