Adiós a Stephen Hawking: una huella indeleble en Fisterra

Su visita al fin del mundo, el 25 de septiembre del 2008, fue algo histórico


CARBALLO / LA VOZ

Cuando Stephen Hawking bajaba hacia el puerto de Fisterra en su silla de ruedas, vecinos y clientes de los bares anexos se pusieron en pie y empezaron a aplaudir espontáneamente, emocionados. La escena se repetiría más veces aquel histórico 25 de septiembre del 2008. Y eso que era una visita privada. Comió en la planta superior de O Centolo, cerrada para él y su comitiva. Comió camarones, probó los percebes por primera vez y le encantaron; navajas, castañeta, lubina, postres... Una comida lenta y agradable, con mucho diálogo.

Después, todos subieron al Cabo. Muchos vecinos lo esperaban. Conoció el sentido del fin el mundo, disfrutó del paisaje, y el anfitrión, Jorge Mira, hizo de tal. Se llevó la insignia de Patrimonio Europeo, una mujer le dio un clavel y otra, un cuadro con el faro. Dio las gracias con su sintetizador de voz. Desde abril del año pasado, la plaza del faro lleva su nombre.

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