José Insua Papín, un caso de exilio y no de emigración

Argentina fue un país en el que José fabricó un refugio pero nunca un camino de regreso


El bisabuelo de José Insua Papín emigró en 1846 para la Argentina con el fin de trabajar de calafateador. Su padre, José Insua Lires, carpintero de profesión, emigró también para el mismo país y residió una temporada en Venezuela. Este último, en los primeros meses de 1936, efectuó un viaje a Fisterra con intención de regresar de nuevo a la emigración, pero al iniciarse la guerra civil ya no pudo ser, quedándose en la villa del Cristo. Precisamente, tres años antes de su arribada a Fisterra, en la noche del primero de mayo de 1933, descargó sobre el pueblo un fuerte temporal del Sur, en tanto se encontraban dos embarcaciones, Balbina y Carmen, matriculadas en Vilagarcía, fondeadas en el paraje denominado Porto de Vito. Vivieron sus tripulantes momentos de terrible angustia y enorme zozobra, congregándose en las proximidades por la mañana un numeroso y expectante gentío, en tanto el temporal golpeaba una y otra vez con enormes olas, corriendo peligro los tripulantes.

Inmediatamente, un grupo de fisterráns organizó el salvamento, y desde una de las embarcaciones, que estaba a unos 30 metros de la orilla, arrojaron una guía con una boya que no llegó a tierra, tirándose al mar un pescador local para intentar recogerla. La otra motora tenía tendencia de atravesarse en la playa, arrojándose al mar otro fisterrán para con su cuerpo empujar el costado del barco, halando después desde tierra el cabo. Momentos de evidente peligro de perder la vida, pero aquellos hombres lograron poner a salvo, tanto a las dos motoras, como a sus tripulantes. Y, meses después, la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos premió el acto de heroísmo y generosidad del grupo, entre los que estaba José Insua Papín, el hijo de José Insua Lires. Pocos años después, de héroe pasó a apestado, a «rojo». José Insua Papín, afiliado al sindicato de Oficios Varios, de la UGT, fue reclutado forzoso en el verano de 1936 en las filas «nacionales», ascendiendo pronto a cabo; pero en 1938, y en medio de la batalla del Ebro, Insua desertó pasando a las filas republicanas sin conocer el alto precio que podía pagar por ello. Más tarde, con la derrota llegó el exilió en Francia, y meses después, y por medio de la Cruz Roja, fue reclamado por su tío Joaquín Papín, otro fisterrán emigrado en Venezuela, fijando su residencia en Argentina, un país en el que José fabricó un refugio pero nunca un camino de regreso, pues no era un emigrante, sino un exiliado.

Con el tiempo contrajo matrimonio y trabajó de contratista de obras, cambiando en algunas ocasiones su residencia para Caracas, en 1953 y 1959, reclamando en 1950 a sus hermanos Joaquín y Luis y en 1952 a Víctor, contribuyendo a que su vida se moviese y mejorase social y económicamente, y de los que nos ocuparemos oportunamente en esta misma sección. En el exilio, José Insua Papín «De María de Víctor», nunca pudo regresar a España, temeroso de las represalias del franquismo. Solamente llegaban las cartas dirigidas a su familia en Fisterra (en la imagen, un detalle de un sobre en el que aparece como remitente), a su hermana Victoria, la fallecida esposa del ex patrón de la cofradía, Juan del Canario. Insua Papín falleció en la década de los años sesenta a consecuencia de un accidente de tráfico. Y no dejó hijos.

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