Vamos por el buen camino, pero queda mucho por hacer


Hablando de incendios forestales, los fuegos naturales o intencionados por la mano del hombre queman la vegetación, matan la fauna, causan daños en bienes públicos y privados y contaminan el medio ambiente, contribuyen de forma directa en el denominado efecto invernadero, por lo que deberíamos entre todos -Administraciones, propietarios, comunidades de montes, agricultores y ganaderos- darles la importancia que se merecen y tratar de erradicar esta lacra.

En los últimos años, en las comarcas de Fisterra, Soneira y Bergantiños se ha reducido de forma considerable el número de incendios forestales, sobre todo los entendidos como grandes fuegos. Sin embargo, la cifra de incidencias de pequeña envergadura continúan siendo un lastre, dando mucho trabajo a los equipos de profesionales y voluntarios de la zona y ocasionando gastos extraordinarios a las arcas públicas.

Digo que estamos en el buen camino, porque se reduce el número de los grandes incendios, pero queda mucho por hacer. Las Administraciones llevan a cabo distintos planes y cambios normativos, pero parece que no cala entre los ciudadanos. Propietarios de montes que no limpian adecuadamente sus propiedades, lo que las hacen impenetrables para los equipos de extinción, además de ser un excelente combustible que alimenta las llamas.

Las imprudencias están aumentando, de ahí que este sea uno de los años que más personas han sido detenidas por delitos contra el medio ambiente. Las normas están para cumplirlas, no podemos llevar a cabo quemas durante el verano o sin las medidas necesarias, aún teniendo autorización. Galicia es una de las comunidades con más fiestas populares durante la temporada estival, algo que implica un mayor riesgo de incendio por el uso de bombas de palenque en zonas afectadas por masa forestal.

Según algunos estudios, un 96 % de los incendios forestales en España están ocasionados por el ser humano. Cabe recordar que todos podemos mejorar esta situación, si se mejora en prevención, si se frena el abandono rural o si se mejora la gestión de la masa forestal. Todo ello en aras de reducir la cifra de incendios forestales. Porque no solo causan daños medioambientales, sino que ponen en peligro las vidas humanas. Los incendiarios se enfrentan a penas de uno a cinco años de prisión y a una multa de 12 a 18 meses. Los que ponen en peligro la integridad física de las personas son castigados con una pena de prisión de diez a veinte años.

Por José Manuel Blanco Lema Agente de Policía en Muxía

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