El retablo del Cristo de Fisterra se pintó seis años después de que lo hiciese Miguel de Romay

La leyenda descubierta en la restauración que está en marcha saca a la luz la historia de las personas que regían entonces la parroquia


Siempre que se acometen obras de restauración en el patrimonio histórico-artístico son susceptibles de revelar elementos que confirman o completan el conocimiento que se tiene de este patrimonio. Así es como con el acondicionamiento del retablo del Santo Cristo de Fisterra sale a la luz una leyenda que reza: «Se pintó y doró este retablo siendo rector Don Joseph Zernades y siendo mayordomo Joseph Manso. Año 1727». Veamos brevemente qué sabemos de ellos:

El retablo data de 1721 y es obra documentada de Miguel de Romay, que según estudios del profesor Otero Túñez, cierra la etapa de madurez de dicho artista. Fue posiblemente encargado a instancias del arzobispo Luis de Salcedo y Azcona (Valladolid, 1667-Sevilla, 1741), que visitó la capilla fisterrana un año antes de la elaboración de la obra.

En 1722 entró de párroco el mencionado don José Antonio Cernadas, que murió en 1737. Y se contratara el pintado a finales de 1724 por 2.300 reales.

El mayordomo José Manso solo puede ser en base a los datos disponibles el notario Joseph Manso y Ares, que empezó a ejercer en Fisterra en 1733 y que consta dando fe tanto en documentos de 1743 como en el Catastro del Marqués de Ensenada de 1761. En su calidad de mayordomo estuvo a cargo del hospital de peregrinos que estaba enfrente de la fachada principal de la iglesia.

El cura Domingo Miñones Barros, además de «diversos atropellos artísticos» (Padre Gaite, 1923) derribó en 1918 el hospital de peregrinos. Desaparecieron también la imagen de la virgen del Rosario y joyas de la capilla anexa al citado hospital en lo que hoy es cementerio y fuera huerta de la que se sacaban ciertas rentas. Y que como veremos tiene relación con el tema a tratar.

El hospital, al igual que su capilla, lo funda el sacerdote Alonso Garcia Rodríguez en 1469 y en 1547 consta de dos plantas llegando a tener 6 camas, 2 cocinas, bodega y cuarto con 2 alcobas para clérigos o personalidades de relevancia. Para el cuidado del edificio había un hospitalero y la parte administrativa estaba a cargo de un mayordomo, que era nombrado anualmente por el cura según lo mandó el señor don Alonso de Fonseca. El haber del hospital ascendía a 201 ferrados y 20 cuartillos de trigo, más 181 reales y 13 maravedíes de vellón de censos. La mala gestión o falseamiento de cuentas de los mayordomos fue recurrente a los largo de los años, ya no solo por el dispendio de gastos innecesarios sino también por sospechosos pagos a sacristanes imaginarios de la capilla del Rosario y/o deudas de difícil justificación, como fue el caso de Joseph Manso.

Efectivamente, consta en la liquidación practicada en 1795 que debía este señor de su primera etapa como mayordomo la suma de 2150 reales y 20 maravedíes; y luego en su segunda etapa desde 1797 hasta 1804, adeudaba incluso más, pero alega que no se liquida porque se afirma que «no hay donde cobrar». Se excusa diciendo que «es público que los franceses robaron esta obra pía» durante las invasiones napoleónicas.

Pues la verdad es que no solo los franceses no pasaron de Corcubión, sino que estuvieron en 1809, después por lo tanto de que Manso terminara su comisión al frente de la administración del hospital.

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