Una historia con final triste


La Historia es una suprema invitación al arrepentimiento». Alberto Insúa. Juan Rivas Castiñeira nació en 1916 en Fisterra y fue hijo de Encarnación Castiñeira (ignoro el nombre del padre, apellidado Rivas). Al principio de la guerra civil española, Juan se encontraba estudiando segundo año de Teología en el Seminario de Santiago. No obstante, cuando su vida parecía que iba a ser estable en el mundo religioso, esta dio un giro de 180 grados y en marzo de 1939 lo encontramos ostentando la graduación de sargento del Regimiento de Infantería Zamora. Precisamente, el día 7 del citado mes y año, Juan Rivas «dio su vida por Dios y por la Patria en Cartagena, a los 23 años de edad, a bordo del Castillo de Olite», así lo afirma el recordatorio de su funeral celebrado en la localidad del Cristo. Posteriormente a su muerte le fue concedida, por el simple hecho de morir en el Castillo de Olite, la Cruz Laureada de San Fernando, me supongo que colectiva. A fin de cuentas, una historia con final triste, un ejemplo más del sacrificio y la sangre derramada por la locura de un golpe de Estado fracasado, por una sublevación militar, una posterior guerra civil y una larga, larguísima, dictadura. Me viene a la mente lo que se dice sobre el joven falangista Manuel Mena en el libro de Javier Cercas, titulado El monarca de las sombras: «...No murió por la patria, sino por culpa de una panda de hijos de puta que envenenaban el cerebro de niños y los mandaban al matadero».

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