De Fisterra, a Berlín y Estambul

«Hoxe en día non hai un país onde estar seguro», afirma desde la ciudad turca


Carballo / LA VOZ

Hace dos días, los puntos informativos más candentes del mundo estaban en tres ciudades: Alepo (por desgracia, como siempre), Berlín, por el atentado con el camión, y Estambul, por el asesinato del embajador ruso. Un vecino de Fisterra, Juan Manuel Díaz, tiene relación directa con los dos últimos: vive en la capital alemana y está de vacaciones en la milenaria ciudad turca. Es un país que le encanta. Calcula que ya es su duodécima visita. Y es un espectador privilegiado de un foco de actualidad internacional. No le impresiona lo que pasa, ya ha visto de todo. Como hace dos años. «Foi nas manifestacións do parque Gazi, que duraron todo o verán aquí en Taksim, e no mesmo año no Nadal foi o dos ministros corruptos do goberno. E montouse unha boa nas rúas de Cihangir, o barrio dos mecenas en Estambul, que é donde eu sempre me quedo: contedores con lume, gas lacrimóxeno, 4.000 policías rodeando o barrio....». Así que lo que está viendo estos días, comparado con aquello, es relativamente tranquilo: «A situación en Estambul é moi rara, hai pouco turismo, ou mellor dito, ningún. E logo, moitos controis policiais. Onte mesmo, na Mezquita de Fatih, no barrio máis musulmán, había un acto na explanada e, ademais dos controis, soldados como francotiradores nos teitos. É a primeira vez que vexo tanto control pola cidade. Tamén vexo moi normal que o fagan, pois donde hai grandes conglomeracións de xente é onde máis riscos hai».

Tal y como están las cosas, es lógico preguntarse por qué elige un país en el que el riesgo de que pase algo es más alto que en otros: «Escollín Estambul outra vez por que aquí teño amigos. Necesitaba descansar, e ademais fóra do estrés navideño que cada vez é máis consumista. Aquí é un mundo aparte por ser un país musulmán. Non considero Turquía como lugar perigoso, senón todo o contrario. Pero hoxe en día non hai lugar donde un poida estar seguro», explica. Y añade: «Será porque eu colo por turco, pero por donde me movo, sexa zona musulmana ou occidental, vexo a xente facer a súa vida normal, e pasar os controis da policía como cousas de cotío, sen máis. Ademais, e como o dito do bo galego, malo será que nunca choveu que non escampara», bromea.

Al margen de esa actitud personal que tanto ayuda, en el entorno sí que nota el impacto de la situación. Asegura que la bajada del turismo se percibe con creces. En la famosa Torre Galata, ayer, calcula que estarían unas veinte personas: rusos, asiáticos, árabes, «e este que fai de reporteiro». Para tantos miles de personas que viven en Turquía, tal sensación de inseguridad «supón a ruína», especialmente en un país que vive del turismo.

Mucho tiempo en Alemania

Juan Manuel Díaz, de 48 años, lleva ya 23 en Alemania. Es el jefe de cocina de la Embajada española en Berlín desde hace 14 años (antes, entre otros, estuvo en Hannover, donde fue cocinero en el centro gallego y responsable del Centro de Día de la ciudad).

En sus vacaciones está acostumbrado a superar algunos apuros. Por ejemplo, eligió Grecia justo cuando se produjo el corralito por la situación económica, y los cajeros de los bancos no daban efectivo, además de toda la revolución social que se extendió por el país. Durante una de sus visitas a Israel, coincidió en un momento álgido de los enfrentamientos con los palestinos. En una entrevista por Skype en V Televisión incluso se podían escuchar los fogonazos a lo lejos. También entonces aseguraba que Israel es uno de los países más seguros que conoce, así que razón no le debe faltar, por su experiencia.

El trágico suceso de Berlín, en el mercadillo navideño, le ha pillado a miles de kilómetros de distancia. Pero conoce bien el lugar donde ha pasado. «Preto do lugar do accidente, a uns 50 metros, deixaba a bicicleta todos os días ás horas nas que foi o incidente, era cando daba unha volta polo mercado. Imaxínate se chego a estar en Berlín!», señala, aunque esta opción solo cabe en el campo de la especulación.

Medio resignado o medio en broma, asegura que le tocan todas. De las grandes y de las pequeñas. Como cuando, hace poco, decidió pasar la Semana Santa en Fisterra, y llovió tanto en Viernes Santo que las imágenes se quedaron sin salir.

Para un fisterrán que hace gala de tal, también fue una jornada aciaga.

En varios de sus viajes han coincidido situaciones complicadas

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