Entre la marginalidad y los peligros de perder garantías


Carballo / La Voz

Los alcaldes y mucha gente de la calle han puesto el grito en el cielo por la insuficiencia de agentes de seguridad en la Costa da Morte. El abandono del rural está alcanzando proporciones geométricas. Y en materia de seguridad, también. La Guardia Civil es, tradicionalmente, un cuerpo de vocación rural, pero está dejando demasiados espacios en blanco a causa de los escasos medios personales y técnicos. Hubo días de una sola patrulla para ocho concellos, entre Zas y Fisterra. Una ofensa al sentido común y a quien paga impuestos religiosamente. Un gran descampado con la protección menguada. La vaga de robos y daños inquietantes en establecimientos hosteleros acabó con dos individuos entre rejas, y más que nada gracias a un giro en la interpretación de las normas y los hechos, una operación de ingeniería jurídica aconsejada no hace mucho en estas páginas por el juez Taín. De todos modos, la montaña rusa de la delincuencia tiene picos de aceleración con ascensos y descensos en virtud de las entradas y salidas de determinados personajes en el penal. No obstante, la solución a la delincuencia, sobre todo a la del cinturón marginal de Carballo, necesita otra mirada. Un saneamiento social que ponga fin a la exclusión. Incorporar a esa parte del vecindario al clima ciudadano común. En el Carballo del futuro la marginalidad debería estar olvidada. En caso contrario será un fracaso de toda la sociedad. El reto es difícil, pero también es imprescindible acometerlo. Una parte de las soluciones podría haber venido del Dusi, ese maná de Europa del que Carballo quedó a dos puntos. Rozó el aprobado con los dedos. En años anteriores llegaron el Fórum y la traída Anllóns-Bardoso, que le levantaron la paletilla de las infraestructuras a los gobiernos de Evencio Ferrero. Sin embargo, en esta ocasión el proyecto patinó y se salió en la última curva. Queda otra oportunidad y no debería quedar sin pelea. Ferroatlántica y los embalses. Veinticinco años después la espada de Damocles vuelve a estar sobre la cabeza industrial de la comarca de Fisterra. La vieja idea de Villar Mir de separar embalses y fábricas de Ferroatlántica recobra vida ante la oferta a Ferroglobe para comprar la unidad de energía. El exministro necesita dinero fresco. Hace un cuarto de siglo la comarca se levantó y salió a la calle. La Xunta impidió la segregación. La unión es una garantía. Perderla, puede ser la ruina.

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