Ni problemas ni soluciones


Ya estamos subidos de nuevo al carrusel electoral. La votación incesante. Las caras de los candidatos nos miran implorantes desde los carteles como mendigando el sufragio. Lástima que cada vez estén menos conectados con la gente, que, a su vez, va a menos. El censo de votantes está agujereado. Mengua silenciosamente con cada esquela que vemos en el periódico y cada vuelo que se anuncia en Alvedro o Lavacolla. En menos de tres meses, la Costa da Morte perdió 300 electores. Un drama colectivo. Esta comarca pierde oxígeno, a razón de mil almas al año. Un desgaste para el que los aspirantes a los sillones de O Hórreo parecen aportar pocas respuestas. Si se les pregunta cuáles son las grandes cuestiones de este Fisterra, la mayoría difícilmente las enumeraría. Y lo que es peor, tampoco sabríamos sus posibles soluciones, aunque fuesen erradas. Se ha llegado a una situación en la que da la sensación de que, como ya alguien dijo, los políticos en vez de hacer política, lo que hacen es preparar la siguiente campaña. Ya tienen suficiente ocupación. Se ve en los concellos: hay más preocupación por gestionar el voto futuro que por atender los intereses y las necesidades vecinales. Como el estudiante que está únicamente pendiente de aprobar el examen y no se preocupa de aprender. Un aprobado no siempre garantiza haber aprendido realmente. En cuanto a la campaña, comenzó a ralentí. Como con desgana. La gente aún está cansada de las romerías o precupada por comprarle los libros a los chavales. No se ven algarabías ni estridencias. Las caras de siempre, las que de verdad tiran de los votos, aparecieron en la pegada de carteles. Fue lo más reseñable de un acto que no deja de ser una tradición. El accidente de O Porriño restó ánimos a los contendientes. Los populares saben que en este rincón atlángico tienen un buen granero de papeletas. La muestra es que en los anteriores comicios ganaron en todos los municipios menos en Dumbría. Su preocupación es que sus seguidores mantengan el nervio y no se queden en casa el día 25. Con eso saben que tienen gran parte de su hornada hecha. Además, la obra de la autovía es su gran cartel. Los socialistas, que tan bien parados salieron en las municipales, luchan contra sí mismos y sus liortas internas en este territorio. Su suerte depende en gran medida del grado de implicación de sus alcaldes, y alguno parece no estar por la labor. El BNG tiene la baza de que A Marea carece de candidatos en la Costa da Morte. El millón de Neria. Neria se ha convertido en un dolor en los últimos tiempos. El Ministerio de Industria le reclama parte del millón de euros y los intereses del préstamo concedido para el Centro do Coñecemento (C3M). Hay dos versiones. Una que la entidad aún tiene recursos suficientes para hacerle frente. La otra es más dramática y apunta a que los concellos socios tendrán que hacerle frente al marrón. El fracaso de Neria es responsabilidad de los políticos de la Costa da Morte. Los intereses de partido echaron por tierra el proyecto. Ahora, el problema les vuelve de rebote, pero quienes paguen serán los ciudadanos, que para eso están impuestos. El error está en no haber sabido gestionar con racionalidad una inicitiva colectiva como esta, que se vició por las guerrillas políticas, que acabaron venciendo al consenso y al sentido común. El fracaso del C3M es una pesada losa para la comarca, que tendrá que arrastrarse por un pantano del que va a ser muy difícil salir.

Lo que no se valora acaba abandonado

Fue un gran verano. A los hosteleros les brillan los ojos al hablar de la campaña. La afluencia de visitantes fue inusual y en los establecimientos hoteleros hicieron su agosto. Incluso el Ocean Majesty tuvo que atracar en Brens con nocturnidad para recoger a un par de centenares alemanes que cenaron en Fisterra. Esta situación provechosa se ha visto reflejada en el empleo. Algo se habrá hecho bien para estos resultados, pero hay muchas cuestiones sobre las que reflexionar. Como las acampadas y las pernoctaciones en vehículos en áreas de Red Natura, lo que solo ocurre en países poco avanzados, o la cifra de visitas a monumentos, museos y edificios históricos. Unas 70.000 personas entraron este agosto en inmuebles de valor cultural o histórico pese a que algunos de ellos pasan meses cerrados por falta de recursos. El Museo da Pesca de Fisterra es un ejemplo. Sin embargo, en ninguno se cobra entrada, lo que generaría ingresos para emplear a guías y vigilantes. Una muestra de lo poco que las autoridades locales piensan en los recursos arqueológicos, históricos o culturales como fuente de riqueza. Si se lo trabaja, el patrimonio puede generar empleo, pero hay que gestionarlo bien. La entrada gratuita a monumentos pudo ser buena para fomentar visitas, pero lo que no se valora acaba abandonado.

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