Fisterra viste los sueños de África

En la aldea de Varela, pegada a Senegal, son pescadores como en el finis terrae, pero allí no hay lo que aquí hay


Cee / La Voz

En la aldea de Varela, pegada a Senegal, son pescadores como en Fisterra, pero allí no hay congeladores, ni métodos sofisticados de conservación que permitan guardar el pescado y destinarlo a la maltrecha alimentación de esta comunidad de Guinea-Bisáu. De ahí que la gran parte del producto de sus aguas acaba embarcado en los grandes pesqueros de flotas extranjeras, mientras la población local muere de hambre, falta de medidas higiénicas, enfermedades...

En Bafatá y en el conjunto de la treintena larga de aldeas en las que trabaja la ONG Miradas al Mundo, según explica una de sus responsables, María Martínez «hay sitios donde en su vida han visto un blanco». De ahí que la visita que les espera para este próximo mes de abril vaya a resultar todo un acontecimiento y un alivio en la precaria situación, sobre todo de los niños de la zona.

Además de todo su apoyo y el trabajo que hacen en situaciones muy precarias, los activistas de esta entidad llevarán consigo un gran regalo desde Fisterra, concretamente una furgoneta cargada de ropa, calzado, material deportivo y escolar, que se juntará con el resto de lo recaudado por la ONG para llenar un contenedor de barco entero y trasladarlo a estos lugares donde tanto lo necesitan.

Por el camino tienen todavía que superar un océano de trabas burocráticas, presiones, corrupción e inevitables sobornos, que, como ya han comprobado otras veces, son el pan de cada día en una de las regiones más pobres, o, mejor dicho, más empobrecidas de la tierra.

Aunque saben de las dificultades, «no nos rendimos porque es gente», sentencia Martínez, para quien no hay pago más grande en la vida que ver la sonrisa de uno de estos niños cuando le entregan algo de lo que llevan por pequeño o insignificante que pueda parecer a ojos occidentales. «Hay que tener en cuenta que muchos de ellos nunca han tenido un bolígrafo o un estuche y que hacen 10 kilómetros a pie para ir a la escuela. No es que nosotros vayamos a llegar allí como Papa Noel. Lo que hacemos es reponer lo que ya hemos gastado y las cosas las vamos repartiendo para motivarlos, a modo de premios en los que se valora el esfuerzo», añade.

La situación en esta punto del mapa perdido en medio del África negra es verdaderamente mala. En muchas de las aldeas viven del anacardo que apenas dio fruto la última campaña a causa de la sequía con lo que en verano se desató una brutal sequía que llevó a Miradas al Mundo a invertir una parte importante de recursos en la compra de mil sacos de arroz para paliar la hambruna que se está llevando por delante la vida de niños.

Pero falta mucho, o más bien casi todo por hacer: escuelas, pozos de agua porque la poca que hay está contaminada... Y ahí es donde entran en escena muchos fisterráns que, de manera altruista, han sacado tiempo y recursos para que, en unos meses, al menos se pueda ver la sonrisa de alguno de estos niños vistiendo una camiseta de Fisterra o pateando un balón llegado de esta otra esquina del mundo.

Volcados

Con Juan Tomé como impulsor, han sido muchos los vecinos que se han prestado a colaborar en la iniciativa, tanto que María Martínez destaca que «en ningún otro sitio hizo falta una furgoneta» para cargar la gran cantidad de material recogido.

César y Marco Sánchez, de la tienda Cabo Sport, contribuyeron de manera muy importante; Yoli Mendoza hizo lo propio desde el colegio, y otros como Isma Leis, a título particular, también aportaron su grano de arena.

El resultado es un cargamento completo de mochilas, carpetas, libretas, zapatillas, camisetas, pantalones y todo tipo de ropa, sobre todo infantil, que tendrán ocasión de estrenar los niños guineanos, en muchos casos será la primera vez en sus vidas que se ponen algo nuevo, lo que da una idea del tamaño que pueden alcanzar los pequeños gestos del primer mundo en zonas tan desfavorecidas.

Ahora queda cruzar los dedos, que todo el proceso vaya lo menos accidentado posible y también que el país sea capaz de soportar la convulsa situación política en la que se encuentra. La amenaza del golpe de estado, algo común en la región, pero que cobra especial fuerza en esta época, pende como una espada de Damocles sobre la cabeza de sus habitantes. Su declaración supondría el cierre de las ayudas de la Unión Europea y del FMI, con lo que desde Fisterra y sobre el propio terreno es lo último que desean que ocurra.

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