El Alma del mundo no encuentra sitio en Fisterra


El terror dejó París ahogado en lágrimas y silencio. Europa entera sufrió un sobresalto al ver como la violencia tronzó vidas inocentes, una afrenta a la humanidad, de esas que jamás se olvidan. La tierra de la igualdad, la libertad y la fraternidad fue regada con sangre. El dolor colectivo traspasa fronteras y llega hasta las aguas del mar tenebroso de Fisterra, ese pueblo que desde que la humanidad empezó a entrelazar pasos a través del Camino es un punto de referencia para el mundo entero. Y quiere seguir siéndolo por muchos años, pero la gente tiene la tentación de que se dan demasiados palos de ciego cada vez que se mueven. El Cabo está demasiado recargado de abalorios, cuando no de restos de construcciones inservibles o inmuebles en ruinas directamente. No está mimado. En realidad lleva muchos años sin estarlo. Una muestra es que allí mismo estuvo el vertedero municipal, hay postes y restos de muros de bloques abandonados, demasiado cemento en general y todo tipo de accesorios claramente prescindibles, incluso basura y harapos quemados por los peregrinos: un espacio de leyenda degradado. Ni las anteriores corporaciones han hecho lo que tenían que hacer ni la nueva se ve en disposición de cambiar de senda. De hecho, en seis meses solo ha tomado una decisión de cierta importancia: peatonalizar una calle. Parece un acierto, pero Fisterra lleva demasiado tiempo a la espera de su futuro, que sigue estancado en un océano de dudas y de pasividad.

Con los arcos de la iglesia ya pintados de azul, y con los fisterráns más o menos dispuestos a acostumbrarse a ellos, como se ha sugerido, ahora la polémica está en la pirámide de Rafael Trénor y El alma del mundo, con la que quiere universalizar la ya universal Fisterra. Creo que no les falta razón a los que han puesto el grito en el cielo por el intento de colar la escultura en el ya castigado Cabo. No obstante, no está la Costa da Morte sobrada de referentes artísticos y más de proyectos que puedan tener una cierta repercusión internacional. Hay una tendencia nociva a despreciar todo lo que llega de fuera, cuando las cosas no son malas ni buenas por su origen, sino por la cualidad intrínseca de las mismas. Por lo tanto, si la corporación fisterrana decide tomar alguna otra medida de cierto calado igual puede acordar instalar la pirámide de Trénor en alguna plaza, jardín o espacio fisterrán sin necesidad de darle otro golpe al promontorio. Un espacio en el que incluso los niños puedan jugar encima de uno de los vértices del mundo sin añadir más hormigón a la proa de una Europa que hoy tiene el corazón aún reventado por el dolor sembrado en la ciudad del amor. A Revolta. También la Factoría de la diversión, una de las banderas de Carballo en su tiempo. El escenario de los sueños juveniles de Bergantiños es hoy casi una ruina, sobre todo el interior. Los vándalos arrasaron el eco de la música y los susurros enamorados. Estos lugares anclan el imaginario colectivo en los mejores años de la vida de mucha gente. A Revolta, As Airas, Pazos, Bellavista, Solano, A Vieira, Xallas o A Xunqueira, junto con míticas discotecas que vinieron después, son los grandes templos de las galas del amor juvenil y la música de orquesta. Algunos de estos locales fueron reconvertidos en otros negocios. Lo que no es justo es que sean un peligro para la seguridad y pasto del vandalismo. Escenarios así deberían tener otras oportunidades, bien públicas o privadas y seguir siendo factorías de sueños.

Once años para el punto de partida

Mientras no haya plan general, el urbanismo de Carballo es una piltrafa. Si no es porque acarrea consecuencias serias, pensar que el Concello de la capital de Bergantiños se rige actualmente por unas normas subsidiarias de los años ochenta, invitaría a la comicidad. Después de once años de trabajos, lentos de más en muchos momentos, el nuevo ordenamiento está a punto de salir del horno, que ya es hora, por otra parte. Esta semana, la comisión de urbanismo dio carpetazo a la última revisión que la Xunta impuso como deberes a la corporación municipal. El miércoles será el día definitivo, el momento en el que el pleno ha de pronunciarse sobre la labor que lleva realizando desde hace un decenio largo. La situación es demasiado seria como que los ediles se lo tomen a la ligera, jueguen a la demagogia o traten de sacar alguna rentabilidad política, aunque a estas alturas poca ventaja pueden arrancar de un proyecto sometido a la luz pública por el derecho y el revés, hasta el aburrimiento incluso. Si algo ha tenido la elaboración de este plan es que todo el mundo pudo estar al tanto hasta de la última coma que el Gobierno gallego obligó a poner. Ni Concello ni Xunta deben enredar más, pues hay proyectos importantes a la espera. Gente que quiere apostar por Carballo y su futuro, y el PXOM es su punto de partida.

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