Cientos de miles de euros públicos languidecen en museos cerrados

Recursos turísticos principales no tienen siquiera perspectivas de poder abrirse


cee / la voz

Desde la iglesia de As Neves en Buxantes (Dumbría), por no citar la de Olveiroa, hasta la rectoral de la Barca de Muxía, recorrer el tramo del Camino que atraviesa la Costa da Morte es pasar también por una amplia sucesión de edificios religiosos, museos, centros de interpretación, puntos informativos y demás instalaciones, tanto públicas como privadas, algunas de ellas receptoras de cuantiosas subvenciones en las que los peregrinos y los vecinos lo más que llegan a ver es la fachada. Además, la realidad no es exclusiva de este costado de la comarca, porque hay varios ejemplos más. Basta ver lo que le pasó al Fundación Torre Pujales con el Museo de Arte Contemporáneo de Corme, lo sucedido con la colección de García Alén en Buño, todos los avatares por los que pasó el Museo da Pesca de Laxe o en que acabó el ilusionante proyecto de la Asociación Cultural Río Anllóns en Ponteceso.

Sin embargo, los casos más manifiestos están en el costado sur de la comarca, con el faro Fisterra, emblema principal de la Costa da Morte cerrado, al igual que Touriñán y todos los demás. Únicamente Vilán va tirando a trompicones, mientras que en las Lobeiras, como explica el empresario Antonio Muíños, las próximas semanas podrían suponer algún avance, en base a los encuentros que tuvo con representantes locales para desbloquear su ambicioso proyecto para convertirlo en un centro de investigación y divulgación gastronómica centrado en los productos del mar, particularmente en las algas.

Siguiendo la estela del Camino, y ya no solo en cuanto a museos sino atendiendo a edificios ejecutados con una fuerte inversión pública, destaca O Refuxio da Ponte, en el que, como señala el alcalde dumbriés, José Manuel Pequeño, hacen falta más de 100.000 euros para recuperarlo y volver a abrirlo, después de que lo dejase el último concesionario y tras varios años ya en los que había perdido su función original de información y acogida turística. También en Dumbría, sigue cerrado y deteriorándose el Centro de Interpretación da Electricidade de O Ézaro, que funcionaba, de manera más o menos precaria dependiendo de la época, por medio de Neria y con el apoyo de Ferroatlántica, empresa que ha visto muy mermada su colaboración social a raíz del conflicto de las centrales.

También tuvo un origen empresarial y de empeño personal del naviero Plácido Castro el Museo Marítimo Seno de Corcubión. Incluso auténticos especialistas universitarios de ámbito europeo que estudian el pasado subacuático destacaron el valor y la calidad de su colección. El arqueólogo subacuático Miguel San Claudio tuvo algunos contactos con la Deputación para ejecutar un proyecto y poder abrirlo. Sin embargo, desde los estertores de Neria está cerrado con, por ejemplo, cientos de documentos náuticos pudriéndose entre la humedad bajo un techo lleno de goteras. Al alcalde, Manuel Insua, no le consta siquiera que haya habido conversaciones formales con la familia propietaria a este respecto.

Sin ir al nivel de los grandes edificios y también en ese campo de propiedades privadas con un innegable interés público destacan en Muxía el legado del fotógrafo Ramón Caamaño y la colección etnográfica del cura José Lago Cambeiro.

A todo ello hay que sumar casos de sobra conocidos como A Rocheira, el Centro do Mel o el C3M de Cee y también alguno positivo, como el de la iglesia de Moraime, ahora abierta al abrigo de un proyecto hostelero.

«As leis, moitas veces, non parecen pensadas para o mundo real»

Uno de los casos más llamativos y tristes, por lo que supuso de empeño personal, es el del museo de Corme, en subasta porque la Fundación Torre Pujales no pudo devolver una subvención reclamada por no lograr abrir en plazo. El alcalde Ponteceso, Lois García Carballido, aparte del esfuerzo de las impulsoras destaca que «ten unhas condicións inmellorables para o uso cultural, polo continente, o propio edificio e o sitio no que está, e polas obras» y así está calificado en el PXOM, por lo que nunca podría ser, por ejemplo, un hotel. El Concello estaría interesado en que «antes de que se arruíne pase ao erario público», pero su disponibilidad económica es muy limitada, por lo que Carballido destaca que «as leis, moitas veces, non parecen pensadas para o mundo real». De ahí que se llegue a estas situaciones.

Sinrazón

Es como haber enterrado el dinero. Tenerlo en un hueco sin utilidad, dejando que los billetes se vayan degradando con la humedad de la tierra. Museos, centros de interpretación, faros, colecciones de artesanía o de arte, lugares que tendrían gran interés para los turistas y visitantes están cerrados, víctimas del abandono y el paulatino deterioro. Un alarde de desperdicio. Como si tal cosa. Alguien tendría que ponerle freno a esta sinrazón.

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