Los milladoiros siguen firmes

La costumbre de colocar piedras daña o desluce lugares importantes


carballo / la voz

La costumbre construir milladoiros en la Costa da Morte no es nueva. Ya en 1984, La Voz publicaba un reportaje sobre las prácticas de muchos romeros de llevar piedras a la ermita de Os Milagres de Caión y amontonarlas, pero se hacía en un tono retrospectivo, recordando que esa tradición estaba «prácticamente desaparecida».

Salvo casos muy concretos, desde hace decenios no se veían estas acumulaciones en las romerías. En el resto, lo que hacen es deteriorar el paisaje, especialmente en lugares de interés paisajístico, cultural o geológico. Y últimamente, desde hace unos tres años, han rebrotado.

Un lugar llamativo es el Marco do Couto, en Dumbría, donde se halla un vistoso cruceiro, y a unos metros un marco pétreo, a pie de Camiño, con las letras C. R. grabadas, de Camiño Real. Contaba Modesto García Quintáns en un artículo que fue descubierto en 1964 al ampliarse la pista que va a Dumbría.

Pero el problema está sobre todo en la base del cruceiro, cubierta de piedras. En la zona inferior, algunas están movidas, tal vez por efecto de algún vehículo, o desplazadas de otro punto, en una amalgama de rocas. Es una vieja costumbre peregrina que en algunos lugares, y puede tener algún sentido en lugares como la Cruz de Ferro, que ya son parte de su identidad y es uno de los hitos clásicos del itinerario, pero no sobre cruceiros centenarios de piedra que además pueden verse afectados por cargas y movimientos sobrevenidos, al margen de la cuestión estética.

Los problemas geológicos se ocasionan sobre todo en espacios como Reira, en Camariñas, cerca del Cemiterio dos ingleses. Los milladoiros comenzaron a detectarse sobre todo a principios del año pasado y, aunque en menor medida, aún subsisten. El catedrático y director del Instituto Xeolóxico de Laxe Isidro Parga Pondal, Juan Miguel Vidal Romaní, alertaba en La Voz de que esta costumbre de los visitantes está destruyendo una playa de hace más de 8.000 años. Playa de cantos rodados o coios (de ahí los coídos), no de arena, pero espacio de interés natural en todo caso.

Fisterra y Muxía

En el Cabo Fisterra también se padece esa moda. Últimamente, menos, porque va y viene. El número de construcciones comenzó a ser relevante a finales del 2013, pero después ya casi no se apreciaban.

El efecto rebote llegó en el otoño del año pasado, cuanto se contaban centenares de montoncitos, grandes y pequeños, casi como una plaga, sumándose a la de la ropa, el calzado y todo tipo de objetos personales.

Otros puntos emblemáticos, como el entorno de A Barca y sobre todo de A Ferida, en Muxía, tampoco se han librado de estas modas.

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