La arquitectura castellana casa mal con el clima de la Costa da Morte

Edificios con diseños novedosos, como la iglesia de Baio, dan numerosos problemas


cee / la voz

El caso de la iglesia nueva de Baio, cuyo revestimiento se cae a trozos e incluso está siendo retirado después de que los ladrillos agujereasen el tejado, resulta paradigmático de la falta de adecuación de un edificio al clima que tiene que soportar. Pero hay varios ejemplos más en la zona de proyectos novedosos en cuanto a diseño, que acaban por dar problemas y serios, algunas veces ayudados por un mantenimiento deficiente. El de la Casa Consistorial de Carballo y sus cubiertas planas en terraza es ya histórico, pero hay otros más recientes. El Concello de Dumbría, sin ir más lejos, acaba de pedir una subvención para asumir los más de 100.000 euros que le cuesta reparar el Refuxio da Ponte, en A Ponte Olveira, cerrado desde hace ya casi año y medio, desde que lo dejó el último concesionario sin mantenimiento alguno y con daños varios. Los defectos más visibles son la falta de canalones y las cubiertas a paño con los muros que hicieron que en algunas zonas metiese agua durante años, como por ejemplo el porche de la entrada que está podrido. Además la entreplanta superior, con ventanas que no abren, se vuelve un horno en verano que la hace inutilizable muchos días.

No lejos de allí, en Baíñas (Vimianzo) el Concello sigue batallando con una Casa da Cultura que no ha dado más que problemas en todos los frentes y que sigue sin abrirse casi ocho años después de construida. Los fallos son más bien de ejecución, pero el diseño tampoco contribuyó a que no se convirtiese en una balsa de agua.

Algo parecido a lo que ocurre en el vecino municipio de Mazaricos con el centro de salud, también con una imagen muy llamativa, pero que mete agua por todas partes, el suelo resbala, las consultas están en un primero y el acceso para la ambulancia, del que carecía inicialmente, parece pensado para poner a prueba a los conductores. De hecho varios edificios públicos de este municipio, como la piscina, comparten época y diseño con los de A Silva (Cerceda), donde el centro de salud, inaugurado en el 2003, también presenta un aspecto bastante lamentable.

El Concello de Cee, la Casa da Cultura de Vimianzo, la antigua reforma del Cárcere Vello de Corcubión... la lista es larga y casi siempre comparte unos elementos muy concretos: cubiertas planas, canalones y desagües interiores junto a revestimientos que ignoran que la Costa da Morte está situada en una de las zonas más lluviosas de Europa.

La situación de la iglesia de Baio, inaugurada el 10 de septiembre de 1985, resulta especialmente preocupante. Obra de José Luis Fernández del Amo, que la hizo en buena medida de manera desinteresada por deferencia hacia Maximino Romero, presenta numerosas originalidades arquitectónicas, como el intento de emular los sillares de cantería tradicionales con ladrillos o la simulación del pasaje bíblico del Arca de Noé. El problema radica en que el resultado constructivo ha naufragado de manera evidente, hasta el punto de que los daños van más allá del revestimiento que se cae e incluso obligó a cambiar 15 metros de tejado, agujereado por los desprendimientos. Como explican los operarios de la empresa Jesús Rodríguez, que se encarga de la retirada de los ladrillos por seguridad mientras no se acomete la obra, lo fundamental es que el hierro de la estructura está a la vista y oxidado en muchos puntos, algo que tiene difícil solución. Además hay tejas rotas, humedades dentro, madera dañada...

«Nos anos setenta fixéronse auténticas aberracións nada adaptadas ó país»

El exconcejal carballés Ricardo Vilas recuerda que cuando llegaron al gobierno en 1979 «a casa do conserxe, o señor Roque, que estaba na parte de arriba do Concello metía a auga e non só iso porque esvaraba tamén. Fomos alí o capataz, Pastor Rey, e máis eu e entre os piares e os muros exteriores collíache a man, dábaslle co puño e a parede abaneaba toda xunta. As cubertas eran terrazas mestura de area con chapapote, aínda por enriba cos desagües no medio da placa. Nos anos 70 fixéronse auténticas aberracións para nada adaptadas ao clima do noso país», detalla Vilas, quien señala que pasó algo parecido con la iglesia de San Juan Bautista y su lucernario de plástico. «Non sei se non se gastaría máis en arranxos que nas obras», sentencia.

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