«Sobre ascuas», una reflexión acerca de la historia de Elisa y Marcela

La Voz

DUMBRÍA

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El vínculo con Dumbría de Emilia Pardo Bazán

22 feb 2018 . Actualizado a las 23:56 h.

No solo la ensayista Emilia Pardo Bazán hizo referencias a Dumbría en su obra La Quimera, sino que también escribió largo y tendido del primer matrimonio lésbico del que se tiene constancia en España, las maestras gallegas Elisa y Marcela, una de las cuales estuvo destinada en Dumbría durante un tiempo. Las mencionó en su artículo Sobre ascuas, publicado en la revista La Ilustración Artística el día 8 de julio de 1901.

 «Sobre ascuas»

¡Cuánto siento que sea tan escabrosa la inaudita novela que estos días se ha divulgado en la prensa y que tiene por escenario de sus más sorprendentes capítulos mi pueblo natal! Si no mediase la dificultad que crea la índole del asunto -dificultad casi insuperable cuando se escribe para una publicación que ha de penetrar en las familias, aunque también penetran los periódicos diarios y a fe que no se andan con melindres ni se muerden la lengua- pocos relatos serían más interesantes que el relato circunstanciado de este caso peregrino, ¿qué digo peregrino?, nunca visto ni oído, que yo sepa, pues no recuerdo nada parecido en los anales de la historia.

Solo un episodio de la vida de Domicilio Enobardo Nerón, en el paroxismo de su época delirante, puede asimilarse al suceso de la Coruña. Ni me atrevo a recordar este episodio, ni a establecer las comparaciones que se atropellan bajo la pluma. Hay, sin embargo, en el caso especialísimo al que aludo tantos aspectos diferentes, que por alguno de ellos se le puede considerar sin faltar a ningún respeto, sin temor de que se escandalice nadie. Una publicación también muy acreditada en el hogar y muy mirada en lo que inserta, La Ilustración Española y Americana, dio cabida, o por mejor decir, encargó al sabio escritor D. Antonio Sánchez Moguel un estudio biográfico de la famosa Catalina de Erauso, conocida por el clásico sobrenombre de La monja alférez. A la biografía acompañaba el retrato que representa a la monja armada con coraza, y muestra la forma de su cuerpo, raso y ancho como el pecho de un hombre. La fisionomía de la mujer, aunque imberbe, también es viril; sus facciones, duras y acentuadas, cual corresponde a la aventurera y belicosa hembra que se escapó de su convento por el gusto de andar en batallas, pendencias, quimeras y desafíos, y que en tantos años de vida soldadesca, de frecuentar garitos y dar y recibir cuchilladas, siempre logró engañar acerca de su sexo, y que se la tuviese, no solo por varón, sino por varón de los más matones y desalmados, de los que por quitarme allá esas pajas esgrimían la daga y el estoque y enviaban a un cristiano al otro mundo.