La Costa da Morte pierde más de mil habitantes y se queda en 112.541

Dumbría es el único concello de la zona que ha logrado incrementar su padrón

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Carballo / La Voz

La población de la Costa da Morte cae año tras año. La frase anterior sirve para los últimos trece, pero la sangría se acrecienta y no parece tener remedio. El Instituto Nacional de Estadística (INE) dio ayer los datos oficiales a efectos de 1 de enero de 2016 (en la práctica, la cifra real a día de hoy es incluso inferior, seguramente por debajo de los 112.000). En total, 112.541 vecinos en los 16 concellos de Bergantiños, Soneira y Fisterra, además de Cerceda. Más de mil de diferencia negativa con respecto al 2015, que había cerrado con 113.702. Y así, sucesivamente, aunque hasta hace poco las pérdidas anuales no se contaban por millares, sino por centenares.

En todo caso, siempre son mínimos históricos desde que los censos estadísticos son más fiables. En 1842 se puso en marcha el llamado Censo de la Matrícula Catastral y entonces los municipios que se corresponden con los actuales sumaban 57.252 personas. En 1900, llegaba a los 96.466, y en 1950 ya estaba en los 132.835. El récord histórico en la época moderna se sitúa en 137.508, en 1989. Desde 1994 no para de bajar. En ese proceso de adelgazamiento han influido los criterios más rigurosos de control y depuración, pero lo que de verdad es un crecimiento vegetativo negativo galopante, año tras año, fruto de escasos nacimientos y una elevada mortalidad debido al envejecimiento poblacional, además de la emigración y la marcha de los inmigrantes.

En este panorama que, aunque conocido, no deja de ser desolador, llama la atención el caso de Dumbría: es el único de los 16 municipios de la zona que en el último año ha ganado habitantes. Muy pocos, pero al menos cierra en positivo: de 3.077 empadronados en el 2015, a 3.085 en el 2016. Habrá que esperar a los próximos años para ver si es una coincidencia o un cambio de ciclo, sobre todo, teniendo en cuenta que Dumbría es uno de los concellos más castigados de la zona por la pérdida de población: hace veinte años tenía 5.000 habitantes, dos mil más. Otros concellos, aunque caen, las pérdidas son escasas en ese tiempo.

El alcalde, José Manuel Pequeño, confía en que comiencen a tener efecto las política que leva a cabo: obras en todas las parroquias, servicios lo más idénticos posibles a las grandes urbes, tratar de facilitarle la vida a quienes deciden quedarse o establecerse. «A nosa é unha aposta pola recuperación rural, facemos un esforzo enorme na promoción dos nosos lugares e do noso entorno», añade el regidor. Pero se queja de estar «un pouco só», ya que existen leyes estatales y autonómicas que, a su juicio, limitan demasiado la autonomía municipal, y no se puede hacer todo lo que se programa o lo que le gustaría.

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