Una cosecha de 30 toneladas de cerveza

Fonteboa recogió lúpulo para la elaboración de la Estrella de Navidad


carballo / la voz

Hubo que esperar hasta las once de la mañana para que las preciadas flores del lúpulo estuvieran lo suficientemente secas. Hasta casi las cuatro de la tarde profesores de Fonteboa, algunos alumnos y voluntarios habían cosechado unos treinta kilos, suficientes para la elaboración de 30.000 litros de cerveza, de la que Estrella Galicia fabrica para la campaña navideña. Todo el trabajo se realizó a mano, garantizando una calidad que terminará de hacerse durante el secado, en el Centro de Investigación Agraria de Mabegondo, a donde viajó ya a primera hora de la tarde en sacos de rafia.

Todo el cuidado puesto en el trabajo poco parece si se tiene en cuenta que el lúpulo puede dejar un margen neto de 3.000 euros por hectárea. El truco está en el alto coste de la instalación, que hace que sean necesarios casi cinco años para recuperar la inversión. Eso sí, si todo va bien, a partir de entonces quedan por delante diez años de pingües ganancias y no demasiado trabajo.

La parcela elegida por Fonteboa hace ya unos años ha demostrado que el lúpulo tiene futuro en la zona, pero hay que tener muy claras las condiciones del suelo. Es necesario que la base esté seca y aireada, pero la planta debe tener agua, unos cinco litros diarios. En Coristanco se han dado las condiciones y el resultado ha sido bueno, pero ha costado bastante, porque el lúpulo dedica su primer año a enraizarse y ese es el momento más crítico, cuando se pueden perder.

Fonteboa lleva tiempo colaborando con el centro de Mabegondo y con Lutega, la entidad que promociona la recuperación de lúpulo gallego. De hecho, fue en Coristanco donde se reprodujo la primera planta, por cultivo in vitro. Lo hicieron en mil macetas y funcionó porque casi todas sobrevivieron. Además, fue más fácil realizar las plantaciones porque el enraizamiento se inició en un entorno protegido, lo que multiplica las posibilidades de desarrollo.

Ahora solo falta esperar a la Navidad para poder probar esa cerveza aromatizada con el lúpulo de Coristanco.

«Tiña que ser unha xornada para os alumnos, pero non puidemos esperar»

La de ayer tenía que haber sido una fiesta, con traslado a Mabegondo, charla y buena parte del alumnado de Fonteboa conociendo en directo la importancia y las posibilidades del lúpulo. No pudo ser. «Tiña que ser unha xornada para os alumnos, pero non puidemos esperar», dijo José Gil, profesor de Fonteboa y promotor del cultivo. En vista de que la pandemia impedía la excursión, la idea era comenzar el curso con la cosecha, pero Educación retrasó una semana el arranque de las clases. Por eso hubo que recurrir a docentes y voluntarios. «Tiñamos que recoller un día que non chovese e non nos podiamos arriscar», dice el docente.

La pandemia estuvo también a punto de llevarse el cultivo por delante porque necesita cuidados y José Gil no podía desplazarse, por lo que tuvo que pedir a personas de la zona que miraran el riego, porque las plantas necesitan mucha agua. Cuando finalmente se permitió la movilidad, el docente se encontró con las plantas vivas, pero un gran trabajo de desbroce.

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