Celebremos el 4 de julio


La apuesta está sobre la mesa: ¿cuántos años tardará una familia de Coristanco en celebrar el 4 de julio? Asumido está que en este proceso de californication cultural el thanksgiving está al caer y que el bulldozer comercial que nos incita a comprar más y más fabula ya con colocarnos pavos y mermelada de arándonos para incorporar a nuestro calendario una jornada más en la que gastar y gastar. Pero la apuesta es el 4 de julio y cuando eso suceda se habrá cerrado el círculo cultural del imperio, un imperio, por cierto, con síntomas flagrantes de decadencia, que ya de vivir en colonias que sea al menos de una metrópoli emergente y vibrante como, no sé, un Shangai o un Shenzhen, por ejemplo.

Aquel Yanquis go home de nuestros amores ha quedado silenciado por el estrépito del Halloween, el Black Friday, el brunch, las fiestas de graduación, el Cyber Monday, Papá Noel, Happy birthday to you, el baby-shower, los mall, Burguer y McDonalds, el pollo frito de Kentucky, la chispa de la vida, Jennifer y Kevin, Converse y Levis, las cheerleaders, el cheking y el ok.

En este proceso de alabamización y con las Xmas en ciernes el televisor escupe mensajes que muchos espectadores no entienden. Lo demostró la RAE cuando ofreció gratis el perfume Swine que muchos ciudadanos pidieron para recibir una fragancia que penetraba hasta in your dreams o mejor in your nightmares pues lo que se anunciaba era el olor de una granja de cerdos embotellada.

 Perturbados, muchos, por los brotes nacionalistas y la vuelta de aranceles a gogó, de Montealto a la Elipa le damos likes en el Twitter a un hashtag para ser trending-topic. WTF!

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