Ganaderos holandeses y gallegos unidos por la necesidad de tierra para pastos

Estudiantes de ganadería compararon en la EFA de Fonteboa, en el concello de Coristanco, los modelos de producción láctea de ambos países. Los primeros precisan tierra para cumplir con las normas medioambientales que rigen en Holanda y los segundos para cultivar alimento y reducir costes de producción.

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Voluntarios rescatan una perra que parió en una tubería junto a carretera en a Laracha El animal llevaba más de cuatro meses en la calle y ahora está acogida en el Legado de Max con sus cinco cachorros que sólo tienen unos días de vida

carballo / la voz

Los jóvenes holandeses y gallegos tienen, al menos dos cosas en común; aman el fútbol y quieren ser ganaderos como sus padres. Ayer, unos y otros lo demostraron en el intercambio que se desarrolló en Fonteboa, en Coristanco, en una actividad organizada por el centro de Mabegondo. Muchachos como Thomas, de la universidad de Droten, o Raúl, del ciclo superior de ganadería, que quieren acabar dirigiendo sendas explotaciones familiares comprobaron que les une la vocación y les separa modelos de producción completamente distintos, pero con el mismo problema de base. Hay demasiadas vacas y poca tierra. En el caso neerlandés se trata de una cuestión de contaminación y en Galicia, de costes de producción, pero para unos y otros supone uno de los grandes inconvenientes de un negocio que a nivel de gestión es mucho más complicado en Holanda a causa de la tendencia verde de la legislación. Hay un máximo de excrementos (de fosfato) permitido por hectárea y son muchas las granjas que lo cumplen, lo que obliga a vender la recría, realizarla de forma externa para el recambio generacional o mandar al matadero muchas cabezas.

Thomas y Robbin explicaron las consecuencias de la desaparición de las cuotas, que fue muy similar a lo que ocurrió en España, pero en ese caso se implantó una dura legislación que obligó a deshacerse de un montón de animales, que terminaron en el matadero, por cuestiones medioambientales.

El tema es que la mayor parte de la leche holandesa se exporta, pero los excrementos quedan en el país. No es nada fácil ser ganadero en Holanda, según contaron los alumnos, pero sí es apetecible estudiar para serlo. Las instalaciones de la universidad de Droten puso los dientes largos a muchos, sobre todo por las 220 hectáreas de tierra que tienen para hacer las prácticas o por las instalaciones para la cría de diversos animales, desde gallinas hasta cerdos, aunque lo más abundante, como era esperable, son las vacas.

La especialidad del centro es la nutrición, que es también lo que más problemas está dando a nivel medioambiental, por la cantidad de concentrado que comen las vacas, aunque es obligatorio sacarlas a pastar unas horas.

Robbin Tecnissen: Media de 8.800 kilos con un 4,78 de grasa

Robbin tiene 24 años y hace ya tiempo que ayuda a su padre en la explotación, pero lo hace en el área de gestión. «Él trabaja fuera, y yo, dentro», explica. Las variables, los controles y los impuestos son tantos desde hace unos años, que para llevar la granja es necesario un programa informático que se complica de año en año. Ellos tienen 90 vacas en producción, con una media de 8.800 litros, con 4,78 % de grasa y 3,72 % de proteína. De las 35 hectáreas de terreno de que disponen, 28 son de hierba y solo 7 de maíz. También tiene que abonar el traspaso de la granja familiar a lo largo de los años y su mayor preocupación es cumplir con las medidas ambientales, muy estrictas. 

Pier Gerbrandij : Más vacas de lo que permite la ley

Pier es hijo único, por lo que no tendrá tantos problemas para hacerse con la granja de sus padres, que tiene 280 reses, de las que 180 están en producción. Todo ello en 92 acres (poco más de 37 hectáreas), con lo que no cumple con la ley. Una vez que termine sus estudios y consiga su título, se construirá una casa en la granja familiar, pero tendrá que pagarse a sus progenitores una cantidad de dinero que les garantice la jubilación, una especie de traspaso.

En el caso de que tuviera hermanos, podría compartir con ellos la explotación, pero lo más habitual es que tuviera que pagarles también. Por su incorporación no le ofrece el estado ninguna ayuda. 

Marcelino García: Más de 140 reses y 0,31 euros por litro 

Los padres de Marcelino García Moreira tienen una explotación en San Martiño de Ozón, en Muxía. El próximo año se incorporará a la granja y sabe que tendrá una ayuda de la Xunta de Galicia, todo lo contrario que sus compañeros holandeses.

Tienen 280 animales en total, la mitad de ellos en producción y 100 hectáreas de terreno a las que hay que añadir otras 20 en alquiler y otro tanto sin roturar. También dan trabajo a una persona de fuera de la familia, lo que es muy raro en Holanda, según contaron los estudiantes de Droten.

Les pagan la leche a 32 céntimos en total, por lo que deben ser muy cuidadosos con el coste de producción. Su bisabuelo ya tenía vacas. 

El caso de una granja cerca de Arzúa

Víctor Rodríguez, Alejandra Docampo y Antía López fueron los encargados de poner al grupo holandés al día de la situación del sector lácteo gallego. Pusieron sobre la mesa muchas cifras que dejan claro la importancia que tiene en la economía de la comunidad, además de algunas debilidades como es la escasa especialización de la industria y el bajo precio que se paga a los productores. También hablaron el minifundismo como uno de los grandes problemas.

Para centrar la cuestión, María Lea Estella y Nerea María Aneiros hablaron sobre la granja de los padres de Raúl Varela, cerca de Arzúa. Los datos interesaron mucho a los estudiantes holandeses, que realizaron muchas preguntas sobre rendimientos agrícolas, precios y otras cuestiones como la cantidad de maquinaria o la materia seca que se obtiene del silo de maíz.

Esta exposición desencadenó una serie de conversaciones sobre la productividad del maíz, que es fundamental para las explotaciones gallegas y residual en el caso de las holandesas. 

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