La Costa da Morte ha perdido más de 300 escolares en solo cinco años

Un total de 7.191 niños de infantil y primaria comienzan hoy el curso


carballo / la voz

Por cuestiones de natalidad, entre el 2016 y el 2017 se produjo el mayor bajón en la matrícula de infantil y primaria de la Costa da Morte. En los años anteriores las inscripciones habían ido creciendo poco a poco, pero tras ese terrible (en términos de alumnado) curso 2017-2018 ha venido otro triste 2018-2019, con menos de 7.200 escolares en los dieciséis concellos de la comarca. El caso es que desde el 2013 se han perdido más de 300 puestos escolares o, lo que es lo mismo, doce unidades, lo que viene siendo dos veces el Xesús San Luís Romero y el Labarta Pose de Baio, juntos.

La reducción en el número de alumnos ha ido cerrando escuelas unitarias por toda la Costa da Morte, pero también ha bajado el número de aulas y de profesores en los colegios. El último en sufrir los recortes ha sido el San Vicenzo. Hasta ahora había dos unidades de quinto de primaria, pero a partir de hoy los 26 escolares que en cuarto estaban repartidos en dos grupos, compartirán clase todo el curso, para disgusto de los progenitores. Además, el centro pierde un docente.

Era el típico problema que afectaba a centros pequeños como el de Caión, el Areouta de Sardiñeiro o el Santa Uxía de Dumbría y que ahora se ha desplazado a las capitales municipales. Los padres lo achacan a los recortes, pero lo cierto es que en algunos colegios apenas hay una docena de niños por aula.

La poca masificación y los servicios son fundamentales para los padres. El playa de Quenxe de Corcubión logró incrementarla matrícula al abrir el comedor y lo hizo en detrimento de Cee. Este año, la mayor pérdida de estudiantes con respecto al 2017 está en Coristanco, aunque Ponteceso y Malpica vienen experimentando fuertes bajadas que han terminado obligando a unificar en un solo CRA las escuelas de los dos municipios.

Con respecto al pasado curso, la pérdida de alumnos se centra en los tres cursos de infantil, lo que es una muy mala noticia, porque indica que la pérdida de plazas escolares se incrementará de año en año. Así, este año comienzan las clases en alguno de los niveles de infantil 2.187 niños de entre 3 y 5 años. En el 2017 pasado fueron 2.216.

A pesar de eso, sigue habiendo problemas. En el Otero Pedrayo esperan todavía las tres unidades que están pendientes, ya que los más pequeños siguen en un edificio muy antiguo y faltan las pasarelas que deben unir las tres construcciones. En Cerceda los padres se han quejado porque las obras en O Cruce no están terminadas y en el Xesús San Luís Romero confían que este curso se resuelvan los problemas de humedad que tienen en dos aulas y un despacho, aunque otra preocupación son las obras que se realizan en las calles del entorno. «Habrá que ver cómo se desenvuelven los autobuses», aseguró la directora.

En las escuelas del Novo Mencer de Coristanco aseguran que se ha procedido a la limpieza de las aulas y les han prometido desde el Concello que cambiarán las ventanas de A Rabadeira, que estaban atornilladas para que no las robaran.

A pesar de todo, para el comienzo de curso no se esperan grandes problemas, ni siquiera en los entornos en obras.

Jornadas únicas, pero más horas en los centros

Las jornadas únicas se han extendido a la mayor parte de los colegios de la zona. Este año se estrenan los dos colegios de Ponteceso. El Eduardo Pondal llevaba tres años en pos del cambio.

Sin embargo, a medida que ha ido menguando el número de escolares se han incrementado los servicios y este año casi un tercio de los niños de la zona comerán en el colegio. Otros no podrán hacerlo. Casi un centenar están en lista de espera. Incluso en el Otero Pedrayo de A Laracha, donde hay 442 plazas, se han quedado fuera 20. Una de las obras mejor recibidas ha sido un nuevo techo que absorbe ruidos. «Es como tener una boda todos los días», reconoce el director, Juan Ramos.

Por las tardes, en las actividades extraescolares, manejan unos 300 niños a los que habrá que añadir los del servicio Madrugadores que comienza a las 7.30 horas, y en la que hay 74 inscritos, la mayoría del Otero Pedrayo. En Carballo son 185 los usuarios, del Fogar, el Bergantiños y el Gándara-Sofán y han adelantado el horario a las 7 de la mañana. En este caso, el nombre del programa es Concilia.

Menos futuro

Si la población mengua, el alumnado, también. La pérdida de población se percibe en la reducción de la matrícula en los colegios. El futuro va a menos. Esta comarca va reduciendo su futuro. Hay aulas en muchos colegios que se quedan vacías. No hay nadie que enseñe en ellas ni nadie a quien enseñar. Es una enfermedad de la sociedad que sería conveniente remediar. Abren los colegios y la alegría regresa a las aulas. Pero reducida.

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