Al menos la mitad de la cosecha de patata se ha perdido por el mildiu

Los agricultores no han sabido atajar el brutal ataque del hongo y el gusano blanco


carballo / la voz

Todo el mundo preveía que la de este año iba a ser una cosecha excelente en cantidad y calidad. El año pasado la sequía puso en jaque el cultivo, pero al final del ciclo la patata se sobrepuso y hubo cantidad y calidad. Fue una campaña muy fácil desde el punto de vista de la gestión fitosanitaria. Sin humedad, el principal enemigo de los tubérculos no hizo acto de presencia. Este año el mildiu sí se presentó con una fuerza inusitada, tanta que, aunque buena parte de la cosecha está todavía en la tierra, se obtendrá solo la mitad de lo previsto.

La buena temporada anterior y una climatología aparentemente benigna hizo que los agricultores bajaran la guardia. Todo el mundo tenía claro que esta cosecha sería algo tardía, porque se plantó con casi un mes de retraso, a mediados de abril en lugar de hacerlo por san José, que es lo habitual en la zona. El cambio de fechas no tenía trascendencia si no fuera por el devastador mildiu que se presentó a mitad del ciclo y sin avisar.

«Fallou a estratexia, porque se puxo moito esforzo e cartos para parar a enfermidade, pero faltou a prevención, que é a eterna olvidada», dice Juan Carlos García, técnico y socio de una explotación. El problema, según explica, es que las medida se tomaron a deshora. «Levamos o manexo dunha praga como no século pasado, e non porque non teñamos ferramentas para facerlle fronte, senón porque o facemos no momento inadecuado», explica.

Para poder obtener mejores resultados es necesario adelantarse a la enfermedad. «En moitos países hai alertas. As novas tecnoloxías permiten saber cando se dan as condicións para as enfermidades hai algoritmos que determinan o nivel de alerta. Ademais, falta docencia, información e investigación», dice.

No es el único que se queja. Otro productor de Coristanco, que no quiso ser identificado, señala que la investigación está expensas de los criterios comerciales. Las actuaciones preventivas son, pues, muy infrecuentes y solo se trata una plaga o enfermedad cuando se detecta y para entonces puede ser tarde.

De todos modos, las pérdidas no son, en absoluto, uniformes. En los campos más profesionalizados posiblemente obtengan el 80 % de la cosecha, en tanto que en los más pegados a la tradición y con menos conocimientos es posible que pierdan hasta el 85 %.

Lo que parecía un año cómodo y fácil se ha transformado en un agujero negro por el que se han colado miles de euros, tanto por las patatas que se dejarán de vender o consumir como por el gasto en productos fitosanitarios, que ha sido enorme, puesto que al mildiu se ha unido este año el gusano blanco, para el que no hay tratamiento y que aparece de vez en cuando causando estragos en el tubérculo. Se trata de una plaga que se mantiene viva durante cinco años en la tierra a unos 50 o 70 centímetros de profundidad.

La situación es grave porque las cosechas irregulares dificultan la comercialización. Los grandes compradores quieren cantidades homogéneas, con unidades de tamaño regular y un cambio en las condiciones puede poner en peligro una relación, sobre todo en la caso de las grandes producciones profesionales.

El grueso de la cosecha comenzará a recogerse a finales de este mes, pero por lo que ya se ha recogido ya se sabe que aunque la planta fue vigorosa durante todo el ciclo, el tubérculo que no está infectado es irregular y de pequeño calibre.

Cursos demasiado básicos y falta de información sobre enfermedades

La formación parece ser el gran problema de los productores. Por un lado los cursos sobre el uso de productos fitosanitarios son demasiado básicos y se centran en la autoprotección del usuario y en saber leer una etiqueta, pero apenas entran en la detección e identificación de las plagas. Otro problema es que se ha perdido la sabiduría popular, los conocimientos que se tenían y se han sustituido por los prospectos de los productos comerciales. Algunos técnicos señalan que esa información tradicional se ha saltado una generación. La tercera carencia afecta a los profesionales o a los que tienen calificación de asesores, que se encuentran muy pocas nuevas publicaciones e investigaciones centradas en las enfermedades más frecuentes de los tubérculos. Señalan deben acudir a textos franceses e ingleses para poder conocer las novedades.

Con este panorama, cultivos como la patata, que da renombre a la comarca, están expuestos a los elementos. Este año se dieron malas condiciones y el resultado ha sido malo.

Un golpe

Hasta no hace muchos años, la patata era solo un cultivo doméstico, como el maíz o algunos cereales, sin más pretensiones (¡ni menos!) que el autoabastecimiento. Igual que se ha profesionalizado la ganadería (mucho más), la agricultura lleva ese camino en productos tan esenciales como el tubérculo. Ya no es un cultivo menor, y genera ingresos importantes cada vez a más vecinos. De ahí que estas pérdidas sean un golpe importante.

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