La mano en Coristanco


Sería injusto decir que en la corporación de Coristanco no haya nadie por quien poner la mano en el fuego. El descubrimiento de que el alcalde Abraham Gerpe empezó a cobrar su sueldo tras el accidente que lo mantiene de baja médica y desde el primer día de su mandato ha puesto de manifiesto que en el Verxel de Bergantiños hay demasiadas cosas que se nos escapan.

Que Antonio Pensado, alcalde accidental, haya tenido que declarar en el juzgado en demasiadas ocasiones durante su anterior mandato no mejora mucho la percepción, pero hay que empezar a distinguir entre los hechos y los rumores, que parecen haberse convertido en un deporte en la tierra de la patata.

En la corporación, la única que se mantiene incólume es la concejala del BNG, Laura Mariño, que entró en el gobierno local buscando un cambio para Coristanco y que salió cuando consideró que debía hacerlo. Desde entonces se ha mantenido equidistante, casi como observadora de lo que está ocurriendo ante sus narices.

El anterior regidor, Amancio Lavandeira, no sale bien parado del análisis. No fue capaz de mantener un pacto de gobierno ni la unidad de su partido. La política precisa más cintura de la que tiene este profesor que si ha aprendido la lección podrá continuar optando a un cargo público.

Las elecciones municipales están a la vuelta de la esquina y todo está tan revuelto que no se sabe qué pescadores se llevarán las ganancias.

Es difícil en Coristanco poner la mano por alguien porque las sorpresas están a la orden del día y ronda desde hace mucho la idea de hay intereses económicos inconfesables, con presuntos sobornos incluidos, y de que la administración municipal anda más que coja, con una falta alarmante de personal y un ambiente enrarecido en la sede municipal.

La cuestión es que en año y medio habrá que poner la mano, con la papeleta bien agarrada, por alguien y restablecer la confianza en los políticos, a poco crítico que sea el vecindario, se antoja un proceso bastante más largo.

Pero en Coristanco el ambiente está muy caldeado. No hay más que acudir a los plenos para darse cuenta de que las posiciones están muy enfrentadas y que más que por opciones políticas o programas la gente se mueve por amores y odios, con más de lo segundo que de lo primero.

Mucho tiempo le costará a Coristanco sobreponerse de este triple mandato, que ha terminado como justo antes de empezar; con Antonio Pensado dirigiendo el pleno, pero con más argumentos para enzarzarse en discusiones con Amancio Lavandeira. Lo diferente es la afabilidad con la que trata a Laura Mariño y a Verónica Facal. Toda una novedad.

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