La Costa da Morte vive de espaldas al patrimonio de su pasado minero

Las explotaciones abandonadas y que pasan desapercibidas de cuentan por decenas


cee / la voz

La Costa da Morte no son las Médulas bercianas ni la cuenca asturiana, pero tiene un importante pasado minero, además en algunos casos asociado a grandes acontecimientos históricos como la Segunda Guerra Mundial, que, al margen de las investigaciones de algunos historiadores, languidece en el olvido sin que exista una verdadera difusión de esa riqueza e incluso ni siquiera se acometiesen los planes de regeneración comprometidos.

Los orígenes de la actividad más o menos documentada se remontan a la época de los romanos, con ejemplos como el de Limideiro, en Brandomil, del que ya hablaba Murguía, y quien más quien menos podría citar media docena de explotaciones conocidas asociadas sobre todo al oro, el wolframio y el caolín, como Barilongo, en parte de Cuns y Couso (Coristanco), Monte Neme (entre Carballo y Malpica), Titania (Balarés) o Santa María da Atalaia (Laxe) de la familia de Parga Pondal, así como las más recientes Lignitos de Meirama o la única que queda activa Caolines de Vimianzo. Pero el listado es muchísimo más amplio y guarda historias de supervivencia, intercambios comerciales, guerras e incluso formación de grandes fortunas. Solo haciendo un repaso de memoria, el investigador Luís Giadás cita Corcoesto, de actualidad hasta hace nada, y la Sagasta Gold Company que la explotaba allá por 1893 antes de que pasase a la Sociedad Gallega Aurífera, pero también decenas de pequeños yacimientos de wolframio, fundamentalmente, en los que trabajaban una decena de hombres durante cuatro o cinco años en las décadas de los 50 y los 60, cuando este mineral vivió un nuevo auge debido a la guerra de Corea. Así, cita Tallo y Langueirón (Ponteceso), Tarallo (Cerqueda), A Rapadoira (Noicela), Meixonfrío (Alta de Entrecruces), A Braña (Anxeriz), los montes de Coristanco e incluso Campo do Turco (O Ariño-Camariñas) o incluso Caldebarcos (Carnota), donde básicamente dominaba este mineral, pero también se extraía titanio, áridos y, por supuesto caolín, como en Os Seixos, en el alto de Tella (Ponteceso) con destino a la cerámica de Talavera de la Reina.

Sobre todo esto también hay mucha leyenda. Por ejemplo, del monte Faro de Vimianzo, todo horadado y con peligrosos pozos en los que ya se ha registrado algún accidente, se decía que tenía wolframio, cuando en realidad se extraía estaño y no era el único yacimiento de la zona, porque también en A Lagoa (Salto) y O Mosquetín quedan restos de minas. Toda una memoria que se va perdiendo con el fallecimiento de sus protagonistas y de la que quedan, en algunos casos, vestigios físicos, en forma de chimeneas, lagunas -la de Alcaián fue desecada en parte para extraer mineral-, postes, líneas de vagonetas... que desaparecen entre la maleza y el abandono, sin que exista plan sólido alguno para poner ese patrimonio en valor, más allá del Museo da Minería de Cerceda.

Los planes de regeneración han dado lugar a más litigios que a trabajos efectivos

Sobre la regeneración de los territorios que en su día acogieron explotaciones mineras se ha escrito mucho, diseñado planes, anunciado grandes actuaciones y múltiples beneficios, pero lo cierto es que, en general, suelen estar más de actualidad por los litigios generados que por los trabajos efectivos. El único caso significativo, y también muy criticado desde el punto de vista ambiental, al margen de el proyecto particular de un empresario en la mina de Santa Lucía en Carballo, que ha salido adelante de manera efectiva es el del lago de Meirama. Mediante una importante obra hidráulica ha ido llenando de agua el hueco de la mina con el objetivo de que a medio plazo se convierta en un espacio de ocio asociado a los deportes acuáticos y otras actividades.

Por contra, en Monte Neme, entre Razo da Costa (Carballo) y Aviño (Malpica), las novedades a este respecto han sido casi siempre negativas por los retrasos y todo tipo de incidentes a la hora de ejecutar la inversión de casi 800.000 euros prevista por la Xunta. El más grave de todos ocurrió en febrero del 2014, cuando la rotura de una balsa liberó 24.000 metros cúbicos de agua y lodos que provocaron cuantiosos daños.

En cuanto a los yacimientos de los años 50 y 60 o incluso antes han ido sucumbiendo bajo otras actividades humanas. Por ejemplo, el restaurante de la playa de Balarés está sobre las instalaciones de la antigua Titania y el Campo do Lago de Laxe es hoy el campo de fútbol. En los entornos más rurales o directamente forestales, como mucho hay alguna vaya para evitar caídas a los pozos.

Caolines de Vimianzo abre sus puestas a los escolares

La Cámara Oficial Mineira de Galicia, un organismo consultivo dependiente de la Consellería de Industria, organiza estos días numerosos actos repartidos por diferentes puntos de Galicia coincidiendo con la celebración del Día Europeo de los Minerales. Y una de las sedes elegidas para los actos ha sido Caolines de Vimianzo (Cavisa) donde ayer los escolares del CEIP Cabo da Area de Laxe tuvieron la ocasión de ver algo que no está habitualmente al alcance del público, como es el funcionamiento interno de una mina de caolín, en la que, además, se emplean tecnologías de las más modernas para aprovechar al máximo los diferentes recursos minerales de la explotación que acaban en infinidad de productos en casi cualquier parte del mundo.

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Olvido y peligro

El pasado minero de la Costa da Morte es amplio y diverso. Incluso hubo extracciones en el monte Pindo. Muchos parajes están horadados con restos de huecos y galerías, lo que suponen un peligro para la fauna y las personas. Nada o muy poco se aprovechan de estos restos, que quedaron olvidados en el tiempo. Viejos socavones y galpones quedaron sepultados por la maleza sin otro futuro que el del olvido y el riesgo ocasional.

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