Treinta y seis mieles en Fonteboa

Dos de los tres premios de la cata fueron a parar a Vimianzo

Los propios apicultores valoraron el aspecto general, el color, el aroma y el sabor de todas las muestras.
Los propios apicultores valoraron el aspecto general, el color, el aroma y el sabor de todas las muestras.

carballo / la voz

Setenta personas se reunieron ayer en Fonteboa en una velada donde la miel fue la protagonista. Apicultores aficionados de toda la comarca e incluso de municipios de la provincia como Trazo o Oza de los Ríos aportaron una muestra de su producción para participar en una cata. La mejor de las 36 mieles participantes fue la de Manuel Pérez Rodríguez, de Vimianzo, el mismo municipio en el que están las colmenas de Daniel Gándara, que quedó en segunda posición. La tercera plaza fue para Jaime Antelo Pena, de Seavia, en Coristanco.

Al margen de la prueba, por la que los tres consiguieron material apícola donado por A Medoña, el verdadero propósito del encuentro es que los aficionados a las abejas se relacionen, aprendan de los profesionales como Juan Guijarro, cuyos conocimientos fueron los más demandados, o incluso los unos de los otros.

La temporada ha sido desigual para unos u otros. Rosa y Manuel, de Trazo, han perdido la mayor parte de sus colmenas. Creen que se ha debido a la desatención, porque tienen muchas vacas y no dan abasto. Uno de sus vecinos, Antonio Pardo, que también acudió a la cita de Fonteboa y a la llamada por el profesor Xosé Lois Pintor, ha tenido, sin embargo, una buenísima cosecha de miel y eso que hace cuatro años se le murieron todos los insectos. Cree que las herramientas que utilizó entonces habían estado en contacto con algún virus y no las limpió adecuadamente. No le volverá a pasar.

Tampoco tuvo dificultades Luciano Pereira Pombo, que comparte su afición con su hijo y con su nieto. Tiene colmenas en los municipios de Coristanco y Carballo y ayer se vanagloriaba de la calidad de su miel ante Isabel Rey Porteiro, una de las pocas mujeres presentes, lo que pone de manifiesto que la apicultura es una dedicación plenamente masculina.

Junto a los más veteranos, que intercambiaban ayer mucha experiencia, están los recién llegados, como José Antonio Fariña, que tiene una casa de turismo rural en Verdes. Allí encontró una antigua alacena que había sido de su abuelo y que recuperó. Poco tiempo después se estableció allí un enjambre. Es el único que tiene y así seguirá hasta que se le presente otro. Su idea es mantener una producción completamente artesanal.

También es un recién llegado Saturnino Alonso, de Coens-Laxe, que aprendió de su hermano que reside en León. Confiesa que le gustaba más el bricolaje que la apicultura. Construyó una colmena y se le llenó. Ahora quiere más.

Aficionados a las apicultura de toda la zona se dieron cita en Coristanco

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