José Sardina Montero, un anarcosindicalista devenido en franquista

Luis Lamela García CARBALLO / LA VOZ

CORCUBIÓN

Sede del sindicato anarquista en Corcubión, en el pazo de Altamira
Sede del sindicato anarquista en Corcubión, en el pazo de Altamira

Un ex-aprendiz en la Armada activo en huelgas y denuncias de todo tipo

08 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La fábrica de Carburos, los depósitos flotantes de carbón, la ballenera de Caneliñas, la exportación de madera... trajeron a principios del siglo XX a un buen número de proletarios a la ría de Corcubión. Trabajadores que después se organizaron para defender derechos y reclamar mejoras. En toda esa riada llegó, aunque no para trabajar, José Juan Cipriano Sardina Montero -nacido en Ferrol el 5 de diciembre de 1881- al mantener una relación sentimental con Teresa Pequeño Fernández, corcubionesa poseedora de un patrimonio suficiente para vivir los dos.

Durante los últimos años del siglo XIX, Sardina fue aprendiz de maquinista naval en el acorazado Colón, reclamando al Ministerio de Marina en marzo de 1900 una deuda de 30 pesetas «de sus pagas de naufragio». Pero, José Sardina pronto abandonó la Armada y se trasladó en 1906 a Corcubión. Y, aunque no desempeñó profesión ni empleo alguno, militó en el anarcosindicalismo y se convirtió en un activo luchador social. En febrero de 1912 fue detenido por insultar a un guardia en un enfrentamiento por problemas sociales y promovió en 1913 una huelga por el aumento de salarios para los obreros en la fábrica de Carburos de Cee. Años después, en la dictadura de Miguel Primo de Rivera, promovió otras organizaciones sindicales.

Polémico matrimonio

A mediados de 1913 protagonizó una curiosa historia junto a Teresa Pequeño Fernández. Los dos contrajeron matrimonio en agosto de 1905. Teresa, casada anteriormente, se hizo pasar por soltera ante el juez de Santa María de Oza, en A Coruña, lugar en el que se celebró la unión después de haberse negado el párroco de Corcubión por sospechar que estaba casada con José Cortés Naveira, ausente desde 1889 en Argentina, un sujeto que figura en la documentación migratoria con 31 años y soltero.

Años después, y a instancias de este mismo párroco, Antonio Andrade y Abente, las autoridades acusaron a Teresa de contraer matrimonio estando casada, imputando también a Sardina por supuestamente conocer su estado civil. La pareja fue detenida y la Guardia Civil efectuó un registro en su domicilio, hallando varios documentos utilizados para llevar a cabo el enlace, concretamente una certificación expedida en Buenos Aires que declaraba que un tal José M. Cortés había fallecido el 23 de enero de 1893, pero intuyeron que no se trataba del esposo de Teresa. A los pocos días de la detención, el 20 de junio los trasladaron a A Coruña para ingresar en la cárcel, imputándoles por el delito de bigamia, aunque parecía probable que Sardina quedase pronto excarcelado: en el sumario no estaba claro que conociese que su esposa estuviese casada. Meses después, el 2 de diciembre de 1913 se vio en la Sala de lo Criminal de la Audiencia la vista por escándalo público. Finalmente quedaron absueltos y siguieron conviviendo.

Mucho compareció Sardina ante los tribunales, telón de fondo de una vida en la que mostró una permanente actitud de rebeldía.

Una vida entre juzgados y querellas

En junio de 1914 fue detenido Ramón Rodríguez Fernández, tío político de José Sardina, acusado de apedrear su casa. El 15 de febrero de 1920 acudió Sardina a la Sala de lo Criminal de la Audiencia, acusado de injurias, y regresó el 17 de agosto a otra vista, también por injurias. El 8 de abril de 1921 fue detenido para el arresto al que fuera condenado en una de las anteriores vistas y ese mismo mes el Tribunal Supremo dictaminó que «en el recurso de casación por infracción de ley preparado por José Sardina Montero, en juicio de faltas seguido al mismo, por lesiones, se ha dictado auto declarándolo desierto, con las cuotas, por no haber comparecido dentro del término del emplazamiento».

Pero no quedaron aquí las cosas. En abril de 1922 fue de nuevo detenido por la Guardia Civil para otro arresto por condena, y el 15 de abril, el 5 de junio y el 27 de octubre de 1923 volvió a la Sala de lo Criminal por injurias; y fue detenido el 21 de febrero de 1924 acusado de la tala y robo de pinos en una finca. Y lo mismo sucedió, pero al revés, el 5 de diciembre de 1925 en una finca de su propiedad, en Duio (Fisterra): José Senlle Pardo taló y se llevó cinco pinos del anarcosindicalista. Más tarde, en enero de 1927 se celebró en la Audiencia un juicio oral contra Sardina Montero, acusado de falsedad, pero fue absuelto, algo que él mismo se encargó de anunciar enviando un comunicado a La Voz: «Para conocimiento del público en general y de mis detractores en particular», decía en su escrito.

Manicomio

A pedradas fue agredido el 24 de enero de 1930 por María Castro Pérez, resultando lesionado en la cabeza, en venganza por declarar contra ella en un juicio. Sardina estaba bajo todos los focos judiciales e incluso intentó internar en un manicomio a su esposa.