El poético pino de Corcubión necesita savia para revivir

luis lamela garcía

CORCUBIÓN

ARCHIVO LAMELA

El original secó en 1943 y el sustituto pasa desapercibido sin la atención que tuvo su antecesor

07 may 2020 . Actualizado a las 15:16 h.

«A este pino solitario / que es un árbol centenario, / profesa veneración / casi todo el vecindario / del pueblo de Corcubión. / Mil veces pudo escuchar / los tiempos del verbo amar / por la noche y por el día; / ¡Si el Pino pudiera hablar, / cuántas cosas nos diría!» (Emerito Paz, en la revista Alborada, agosto 1927).

En Fisterra, la llamada Cruz de Baixar es el símbolo del adiós para la mayoría de los emigrantes que marcharon de su tierra. Lo mismo sucedió con los de Corcubión con su famoso pino a orillas de la ría, una última imagen que grabaron en sus retinas cuando llegó la hora de emprender el viaje de cruzar el Atlántico buscando una oportunidad para sí y para su descendencia, en muchos casos creyendo que podrían volver cuando irse en aquel entonces era irse para siempre. «Era el último amigo que nos decía adiós -el Pino-, si las vicisitudes de la existencia nos llevaban lejos de aquel terruño y era él el primero en recibirnos, ufano, si teníamos la dicha de tornar a nuestros lares» (Labarca, Buenos Aires, 1942).

Y este es el motivo por el que la asociación emigrante ABC del Partido de Corcubión en Buenos Aires, tuvo a bien tomar su imagen para convertirla en su emblema, en su identidad institucional.