Dos corcubionesas que fijaron base en Argentina

Galería de emigrantes, por Luis Lamela


«Corcubión tiene solamente en la ciudad de la Plata más de mil emigrados, casi la mitad del número de sus habitantes. Con solo ese dato puede formarse acabado juicio...». (Alejandro Lastres Carrera, en La Voz de Galicia del 1 de junio de 1911).

Antonia y Manuela Rodríguez nacieron en Corcubión y ellas conforman también la memoria de nuestra emigración, aunque no tenemos datos para que simbolicen el éxito o el fracaso social, económico, profesional o laboral. Simplemente, sobrevivieron favorecidas al contraer matrimonio en aquellas tierras de promisión en donde fijaron raíces.

La primera, Antonia, emigró muy joven para la Argentina en las últimas décadas del siglo XIX y allí se casó con un joven de apellido, Macías; un matrimonio que dejó una hija a la que llamaron Sara. Esta, a su vez, se casó con un mozo apellidado Larcu. Viuda ya de Macías, Antonia falleció el 13 de agosto de 1927 a los 74 años, poco más de un mes después de que falleciera su hermana Manuela.

Esta última, aunque nacida accidentalmente en Santiago de Compostela, se consideraba de Corcubión, de donde eran nativos sus padres.

Manuela Rodríguez emigró también joven para la Argentina, y allí se casó con Tomás Barberá, un matrimonio que residió en Avellaneda, la población en la que residieron, y residen, numerosos emigrantes procedentes de Fisterra. Manuela Rodríguez falleció en la ciudad de su residencia a los 70 años, precisamente el 7 de julio de 1927. Fue enterrada en la necrópolis de Chivilcoy, en un panteón propiedad de la «Sociedad Española de Socorros Mutuos».

Son, pues, dos corcubionesas de las muchas que nunca regresaron al solar natal.

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