Romero, pionero de la fotografía en la comarca de Fisterra

Galicia oscura, Finisterre vivo | LLegó a ser alcalde de Corcubión en los primeros años de la República y falleció en Madrid


Hace tiempo que está de moda la fotografía, pero para llegar hasta aquí se ha transitado por un largo y lento camino. Los nuevos medios tecnológicos generalizaron el uso de cámaras digitales y se eliminó el papel haciendo instantáneas las imágenes, multiplicadas en las innumerables pantallas que cotidianamente utilizamos. No obstante, las imágenes fotográficas de valor documental y testimonial, las que son indudables testimonios del pasado son las de los fotógrafos ambulantes o pueblerinos que dejaron en blanco y negro, ahora en su mayoría invadidas por el color sepia, fragmentos de la memoria visual de muchos de los habitantes de estas tierras.

La fotografía llegó a Corcubión antes de 1900 de la mano del fisterrán Manuel Romero Castro -en 1896 ya residía en la villa de San Marcos-, cuando fijó su residencia en la localidad. Más tarde, en la década de 1910 se ausentó para vivir en el vecino pueblo de Cee con el fin de ejercer la misma actividad, retornando de nuevo a Corcubión en 1921 y fijando definitivamente su estudio fotográfico y residencia familiar en una casa ubicada en el campo de la iglesia.

El fotógrafo Manuel Romero Castro nació en Fisterra en 1864, y se casó con la corcubionesa Dolores Abella Recamán, fallecida el 29 de mayo de 1934 a los 71 años en extrañas o anómalas circunstancias, que llevaron a la intervención del juzgado de instrucción; un matrimonio que dejó los siguientes hijos: Dolores, maestra nacional en Madrid; Rosario, maestra en Arteixo; Manuela; Mercedes y María de los Ángeles, maestras nacionales ambas, la primera en A Coruña y la segunda en Arteixo, y sus hijos políticos fueron: Ciriaco Ortega, retirado del Ejército y esposo de María de los Ángeles; Manuel Recamán, secretario del juzgado de Cee, esposo de Manuela; Francisco Mazariegos, empleado del Banco Pastor de A Coruña, marido de Mercedes...

La tarea tan difícil de mirar aquello que está delante de los ojos, la ejerció muy bien el fotógrafo Manuel Romero. La fotografía que hizo, a pesar de ser pionero y carecer de equipos técnicos más adelantados, es excelente en calidad, nitidez y enfoque, con técnica y estilo, siempre documental, testimonial y social. Todas sus imágenes reflejan una mezcla de instantaneidad y quietud, retrato de la sociedad de su tiempo, con voluntad de dejar un testimonio de una época; un legado en blanco y negro de alguien que se dedicó profesionalmente a la imagen y creó una atmósfera y un mundo de paisajes, panorámicas, personajes y claroscuros... En fin, que para él la fotografía fue un lenguaje y un medio de vida, pero el mejor valor de sus instantáneas está en los años transcurridos y en los cambios que el tiempo fue dejando en el paisaje y urbanismo que fotografió tanto de Corcubión como de Cee, y que en modo alguno cambia la estampa tradicional de la primera villa, pero si la de la de A Xunqueira, con fotografías que detuvieron el curso del tiempo.

Demanda al juez

Hombre de carácter, nada sabemos de las costuras de su personalidad, pero si conocemos como se desenvolvía en las batallas del mundo. En el orden doméstico y en las relaciones profesionales o personales, en mayo de 1891 Romero demandó al juez municipal de Cee, José Cotón Pimentel, «por usurpación de funciones». En junio de 1893 se produjo en la Audiencia de A Coruña el señalamiento del juicio entre Antonio Sanchy Gerasi y Manuel Romero sobre pago de pesetas. Y también en enero de 1896 la Sala de lo Civil de la Audiencia coruñesa dictó sentencia en un pleito de menor cuantía sobre pago de pesetas entre Manuel Romero Castro, como demandante, y Manuel Casáis Canosa, como demandado, fallando con la imposición de las costas a la parte apelante y declarando lugar en parte a la demanda, para condenar al demandado, a Manuel Casáis, a que abonase a Romero la cantidad de 727,64 pesetas. En julio de 1901, y por parte de la Sala de lo Civil de la citada Audiencia, también se dictó sentencia declarando no haber lugar a la demanda de desahucio propuesta a nombre de Juan Romero Fernández y Juan Lago Lado, por la que se absolvía de ella a Manuela Castro -seguramente la madre del fotógrafo-, Manuel Romero y su esposa, Dolores Abella Recamán. Y pasaron ocho años para encontrar otro incidente judicial en el que intervino Manuel Romero: en octubre de 1909 en la Sala de lo Civil de la Audiencia estaba previsto ver un expediente sobre Dolores Abella Recamán con Elena Senra Dobed, sobre pobreza.

Alcalde de Corcubión

Lo que no hay duda, es que Manuel Romero fue un hombre de carácter e ideología progresista. Y fue el primer alcalde de la Segunda República española de Corcubión, ejerciendo el cargo desde el 17 de abril de 1931 al 5 de enero de 1933. Y fue él quien lideró la convocatoria de una asamblea en pro de la construcción del puente sobre el río Xallas, que se celebró en O Ézaro con numerosa asistencia el domingo 15 de noviembre de 1931. Pero, la muerte de su esposa en mayo de 1934, poco más tarde de un año de su cese como alcalde, y sus extrañas circunstancias, supuso para nuestro hombre, ya con 70 años en aquel momento, un duro golpe, tambaleándose sus cimientos y no pudiendo retomar el timón de su vida. Y por si no fuera suficiente, en 1938, y en plena guerra civil, fue sancionado por el régimen franquista con 2.500 pesetas, a raíz de que un delegado del Gobernador civil efectuase una «supuesta» inspección en el Ayuntamiento de Corcubión, y como consecuencia de la misma el gobernador dispuso que el primer alcalde republicano «justificase o reintegrase» al Concello la referida cantidad.

Y lo mismo pasó con los concejales y el secretario municipal, Joaquín Fernández Vara, sanciones arbitrarias impuestas por los sublevados para financiar la contienda.

Una de sus hijas fue paseada, y otra, depurada

Pero antes de estos últimos acontecimientos ocurrieron cosas más horribles que desataron, además de la tragedia colectiva que vivió España, la familiar de Manuel Romero.

Con la sublevación de Francisco Franco en julio de 1936, la hija de Manuel Romero, Mercedes, maestra en el barrio de Monelos de A Coruña y casada con el sindicalista del Banco Pastor Francisco Mazariegos, fue «paseada» por varios falangistas en las cercanías del puente de A Castellana, en la carretera nacional que cruza el Concello de Aranga. Ocurrió pocos meses después de que hubiesen fusilado a su marido en Punta Herminia, en A Coruña.

Rosario Porto

Y una hermana de Mercedes, María de los Ángeles, maestra en Arteixo -y abuela de Rosario Porto-, también fue depurada del Magisterio Nacional. Y por eso Manuel Romero sufrió la guerra, la derrota, la represión, el sufrimiento..., como una llaga abierta y sangrante. Y después de tantas conmociones, al finalizar la contienda civil, viudo, vencido psicológica y anímicamente, con su mundo roto en mil pedazos se trasladó a vivir con su hija Dolores a Madrid, ciudad en la que falleció unos pocos años después.

Lo que nunca sabremos es si Manuel Romero Castro guardó en una vieja maleta los negativos de sus fotografías y los llevó con él a Madrid, ni si están guardados en un trastero, ni quién pudo heredarlos; ni si terminaron como la documentación de muchas familias de Corcubión: arrojadas al mar como basura. Ni tampoco por dónde empezar el rastreo.

De cualquier forma, disfrutemos de su legado póstumo: de las imágenes que se han salvado de la quema, que son testimonio, historia y arte.

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