Los bancos se atracan ahora en solitario

Los 8 asaltos registrados este año en la provincia, uno en Corcubión, fueron cometidos por un único ladrón


A CORUÑa / LA VOZ

Se pasó de las bandas organizadas a los cacos desesperados. Hace muchos años, a ningún delincuente que supiera sumar dos más dos se le ocurriría atracar un banco sin la compañía de un compinche. Los asaltos a entidades siempre fueron coto de los peores malandros, de los más avezados. De los que atacan en manada. Siempre fueron bandas más o menos organizadas, con plan de fuga, fuertemente armados y, sobre todo, dispuestos a apretar el gatillo si la cosa se tuerce. O a mantenerse serenos con rehenes y rodeados por la policía. Ahora prácticamente no se ve lo que se vio en julio del 2003, cuando dos delincuentes extranjeros entraron en una sucursal de Narón, maniataron a los empleados y a una clienta, esperaron tranquilos a que se abriese la caja, se llevaron 55.000 euros de la época y salieron por la puerta como Perico por su casa.

«Eran tiempos en los que las medidas de seguridad de las entidades tenían tantos agujeros que raro era el atraco que no reportara un botín de varios ceros», recuerda un policía jubilado que le tocó investigar decenas de asaltos: «En los ochenta, había semanas que en la comarca de A Coruña se cometían 5 robos a bancos». En todo el 2018, fueron 8 en la provincia, uno de ellos en Corcubión: el botín fue de 2.000 euros.

Medidas de seguridad

Hoy en día, el ladrón más torpe sabe que de un banco no se va a llevar más que el dinero que haya en el cajón, pues la caja no se abre ni aunque un empleado quiera. Además, meterse ahora en una oficina supone salir retratado por decenas de cámaras. Dentro y en la calle. Por eso ya los bancos no se atracan como antes, en bandada. Ahora, en la inmensa mayoría de los casos, la desesperación es la que guía los pasos de los malandros. Es habitual que el ladrón de una oficina bancaria sea en estos tiempos un hombre con problemas de drogadicción, sin sentido del peligro, únicamente guiado por conseguir dinero rápido. Los ocho robos a bancos registrados en el 2018 en toda la provincia fueron cometidos por individuos que actuaron solos. «Abandonan los delitos castigados con largas penas, ocupándose de otros que pueden sacar más rédito y, si los pillamos, saben que no estarán mucho tiempo en prisión», dice una fuente provincial.

Otra cosa son las bandas organizadas. «Si te das cuenta, ya no son los bancos sus objetivos, sino joyerías, asaltos a furgones... ¿Por qué abandonaron el sector bancario? «Porque con las actuales medidas de seguridad, saben que el botín, a repartir, siempre será pequeño. Mucho riesgo para tan poco pago», dice este mando policial.

«No teníamos miedo a nada y despilfarrábamos el dinero»

El perro le llamaban en los 80 cuando era uno de los mayores atracadores de bancos en Galicia y así prefiere que se le llame en la entrevista. Cliente del penalista Víctor Espinosa, ahora dice ser «un hombre en paz con la sociedad».

-¿Cuántos bancos atracó?

-No lo sé. En una ocasión me lo preguntaron unos colegas en la cárcel y les calculé que serían 30.

-¿Disparó alguna vez?

-Al techo. Nunca mataría a un trabajador. Ni a un cliente. Antes prefiero que me cojan.

-¿Cuántas veces lo detuvieron?

-Varias, os con las manos en la masa. Me solían arrestar días después del atraco. O por un chivatazo, que había mucho chivato, o por mi mala cabeza.

-¿Mala cabeza?

-Sí. Todo lo que sacábamos de los robos lo despilfarrábamos. En fiestas y en repartir. Vivíamos en un barrio con muchas necesidades y cuando alguien necesitaba algo, ahí estábamos nosotros. Fuimos muy tontos, porque cuando nos fue mal, casi ninguno de aquellos a los que ayudamos, nos echó una mano.

-¿Por qué cree que ya no se roban tantos bancos como antes?

-Por las medidas de seguridad y porque ahora los bancos apenas tienen dinero disponible.

-¿Antes era rentable?

-Sí. Casi siempre nos llevábamos más de un millón. Casi siempre éramos tres.

-¿Qué papel tenía usted?

-Entraba armado y amenazaba con matar si no metían el dinero en una bolsa. Mis compañeros controlaban los movimientos.

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