Laureano Bermúdez, ventura y desventura


Laureano Bermúdez Quintana nació en Corcubión y emigró a últimos del siglo XIX, primero para Cuba, y posteriormente a Guatemala, país en el que se casó con Asunción Rosal, convirtiéndose allí en un destacado comerciante, opulento banquero, acaudalado propietario y potente hacendado. En 1920 viajó a Galicia con su familia con ánimo de quedarse, donando ese año para las fiestas de las Mercedes de Corcubión la cantidad de 1.000 pesetas y el compromiso de seguir haciéndolo en lo sucesivo. Poco después, Laureano y su familia se trasladaron a A Coruña, domiciliándose en la calle Juana de Vega, 3. En marzo de 1921 fue uno de los cofundadores en la Escuela de Comercio de la Asociación Escolar Mercantil, y elegido vocal de su primera junta directiva. En junio, conducido por su chófer, su automóvil atropelló cerca de Cee a una vecina de San Mamede-Carnota, causándole heridas muy graves, produciéndose un primer disgusto.

Al mes siguiente, en julio dejó su familia y embarcó en el vapor Flande para México con el fin de proseguir después a Guatemala y poner en orden todos sus negocios y dejarlos en manos de gestores para poder regresar a España en diciembre. Sin embargo, antes de volver enterraron en el cementerio de San Amaro de A Coruña a uno de sus hijos, Juan Bautista, de 17 años, y no llegó Laureano a la ciudad en el vapor francés Lafayette hasta el mes de abril siguiente. Instalado en la capital provincial fue nombrado cónsul de la República de Guatemala, reflejo de su prestigio y peso en aquel país, tomando posesión de la representación diplomática en mayo de 1922.

No obstante lo planificado, el impacto de la muerte de su hijo en el ánimo de su esposa, una intensa desazón y otras circunstancias que desconocemos, hicieron que la familia volviese para Guatemala, consiguiendo que uno de sus hijos, Laureano Bermúdez Rosal, fuese nombrado vicecónsul honorario de Guatemala en la ciudad herculina en marzo de 1923. Dos años más tarde, en 1925, Laureano y su familia visitaron de nuevo Corcubión y aprovecharon agosto para viajar a tierras madrileñas y andaluzas, regresando después a Guatemala.

Precisamente, en 1939 residían en aquel país sus hermanas Angelina, Jacinta y Plácido; y Veneranda en Argentina, piezas también de este rompecabezas migratorio e historias personales olvidadas hace mucho tiempo. Otra hermana, Rogelia, murió el 16 de octubre de 1967 -la última de los hermanos en fallecer-, y una sobrina, Honorina Díaz Bermúdez, con la que convivió y la cuidó, el 13 de febrero de 1971, ambas en Corcubión. Importa subrayar que estas dos últimas forman parte de mi niñez y de mis recuerdos, desapareciendo con ellas su apellido del pueblo. Su casa, en la calle Antonio Porrúa, era el edificio en el que está el bar O Quenxeiro.

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