Un dumbriés con muchos huevos

David Durán tiene 2.500 gallinas y una producción diaria de unos 2.200 huevos, que distribuye él mismo por restaurantes de la zona y pequeños supermercados


Carballo / La Voz

No. No es que este joven de Berdeogas tenga un coraje excepcional -que también puede ser, ojo- sino que recoge más de 2.000 huevos diarios en su explotación avícola de Meanos, en el municipio de Zas. Desde allí los distribuye -la mayoría él mismo- a pequeños supermercados y restaurantes de Zas, Vimianzo, Cee, Fisterra y Corcubión. E incluso destina un día para hacer reparto por Bertamiráns. Además, se los vende a una empresa que a su vez tiene influencia en la zona de Bergantiños.

David Durán (Berdeogas, 1978), se dedicaba originariamente a la construcción, pero la salud le obligó a cambiar de oficio. «Tiven problemas nas costas, porque teño dúas hernias e de feito opereime dunha delas. Os meus sogros tiñan bastante terreo alí en Meanos e pensamos en poñer vacas, aínda que non fose de leite, pero ao final dedicímonos por galiñas, porque non viamos que houbera por esta zona», explica el propio David, que en un principio comenzó con unas 800 cabezas, y ahora tiene 2.500. En casi tres años -comenzó en noviembre de 2015- ha triplicado su producción, e incluso hay semanas que no llega para cubrir los encargos y tiene que ir más de una vez al mismo restaurante.

El ciclo productivo de una gallina finaliza a las 80 o 90 semanas, tal y como explica Durán, más allá de ese tiempo la calidad del huevo comienza a empeorar: la cáscara se vuelve más débil y la clara más líquida, en lugar de la espesa consistencia ideal. Para asegurarse de tener la suficiente cantidad de gallinas en producción, las divide en dos lotes, que ponen los huevos en un sistema automatizado que los transporta directamente a la sala de envasado.

Las gallinas, sin embargo, no se pasan el día recluidas en el interior de las instalaciones, sino que desde mediodía y hasta que se pone el sol campan a sus anchas por los exteriores de la finca. «Gardámolas cando comeza a refrescar, porque a produtividade das galiñas mídese pola temperatura, pero tamén pola cantidade de luz solar á que se expoñan» explica el productor, y añade que, en términos estrictamente económicos, a cualquier empresario le saldría más barato tener a las gallinas en cautividad, ya que en el exterior comen bichos y malas hierbas, pero él prefiere soltarlas, por la buena calidad que ello da a los huevos. «A unha galiña nótaselle se está fóra ou dentro só con verlle a cresta: se está no exterior tena vermella, senón tena pálida», dice. «Non teñen a consideración de campeiras, pero para min é como se o fosen. A calidade do ovo é boísima: o típico que dá esa cor marela caseira ás tortillas», añade.

¿Y cómo se ocupa este dumbriés de la producción, envasado y reparto? Pues con algo de ayuda, por supuesto: «Axúdame algo o meu sogro, porque senón sería inviable para unha persoa soa. Tería que contratar alguén».

Allá por 2015, cuando inició esta andadura, ni de lejos se imaginaba que restaurantes como el Pastoriza de Vimianzo o la Casa Rogelio de Baio pudiesen adquirir su producto y, lo más importante, dar valor a algo tan esencial como es el fomento de la producción artesanal. Lo mismo en Casa Sabina, en la carnicería Antelo de Corcubión, en O Semáforo de Fisterra, en los colegios de Zas y Santa Comba... Con sus esfuerzos ha conseguido vivir de ello. Con un par de...

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