Un masón al que la sublevación de Franco sorprendió en Corcubión

Galería de emigrantes | Salvador Lago Estévez, nacido en Corcubión


Salvador Lago Estévez nació en Corcubión en 1892, hijo de Salvador Lago Lema, práctico del puerto de Corcubión desde 1903, y de Eumelia Estévez Lema, comerciante. Salvador, el hijo, emigró muy joven para la Argentina y se domicilió en Río Gallegos (Patagonia), para dedicarse a los negocios y actividades de cabotaje marítimo y extracción minera conjuntamente con sus hermanos Augusto y Benigno, este último posteriormente apodado El Peruano de Corcubión. Como uno de los promotores, en agosto de 1927, Salvador Lago fue elegido prosecretario de la primera directiva de Centro Gallego, de Río Gallegos, y su hermano Benigno, elegido presidente. En esos años fue cuando Salvador Lago Estévez entró en la masonería, precisamente en la logia Rivadavia, radicada en la provincia de Santa Cruz, y en la que alcanzó el grado 3.º; logia que fue clausurada por el peronismo en el año 1944.

A raíz de esta relación como miembro de la Masonería, Salvador Lago ejerció durante varios períodos que se extienden entre el 5 de mayo de 1926 hasta el 19 de junio de 1937, como representante en el Consejo Deliberativo de Río Gallegos, lo que equivale al consejo municipal. Y después de fallecer su padre en Corcubión en 1933, Salvador visitó el pueblo en 1936 para acompañar a su madre y a sus hermanos, sorprendiéndole la sublevación de Francisco Franco en la villa de San Marcos. Tenía entonces 43 años, seguía soltero y su profesión figuraba como empleado, pero pudo regresar desde Lisboa a la Patagonia en el vapor Hihhland Princess, arribando al país de adopción el 30 de octubre de 1936 sin que el nuevo régimen franquista conociese de su militancia en la Masonería americana.

El 21 de marzo de 1948 falleció en Corcubión su madre, Eumelia Estévez, acompañada de sus hijos Jesusa (casada con el médico don Emerito), Carolina y Antonio; y ausentes Salvador, Isidro, Benigno, Evaristo José, Augusto, José Carlos y Alfonso, lo que nos da idea de la sangría migratoria sufrida por Corcubión a lo largo de su dilatada historia. Años más tarde, cuando Salvador Lago tenía 61, estaba casado y ejercía de Vicecónsul español en la Patagonia, efectuó otro viaje a su tierra natal, regresando al país austral en el vapor Monte Urbasa y arribando el 18 de octubre de 1953 de nuevo a su tierra de acogida.

En esa fecha aún vivían su hermana Jesusa, residente en Fisterra, y su hermano Antonio, en Corcubión. Pero poco tiempo más tarde, Salvador Lago, que disfrutó en la Argentina de una buena posición económica, falleció antes de 1958, año en el que un juzgado de Río Gallegos, en la provincia patagónica de Santa Cruz, reclamó la presentación de sus herederos y acreedores para proseguir los trámites para legalizar su herencia.

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