El lobo, el burro, la gaviota y la gente

Episodios recientes hablan de la sensibilidad de los humanos con los animales, y también de la falta de ella

Un joven lobo se pasea cada noche por Laxe Los vecinos de Laxe tuvieron un inesperado compañero de veraneo en los últimos días de agosto. Cada noche, entre las doce y la una, se presentaba ante su casa, en la zona de la gasolinera un lobo, al que consiguieron fotografiar e incluso grabar en vídeo.

cee / la voz

La relación de los humanos con los animales, sobre todo cuando se producen situaciones curiosas, como ha ocurrido en los últimos días en la Costa da Morte, a menudo trae a la memoria la célebre pieza de Castelao en Cousas, que muestra hasta que punto tiene valor la vida de una vaca o de una cadeliña en función de si la pierde una pobre familia de labradores o una encopetada señora.

En esa línea las últimas semanas en la zona han dejado ejemplos para todo los gustos, a cual más llamativo y alguno incluso verdaderamente repulsivo, como los ataques a balinazos a varios perros, incluido un cachorro que murió, por los que ha sido detenido un vecino de Vimianzo como supuesto autor. Sin embargo, la gran mayoría de las historias hablan de encontronazos simpáticos e incluso de reacciones altruistas.

El primero de los casos lo protagoniza Rafael Tubío y su familia. El turista madrileño, durante su estancia en Laxe, localidad a la que está muy ligado, tuvo un inesperado compañero de veraneo en los últimos días de agosto. Cada noche, entre las doce y la una, se presentaba ante su casa, en la zona de la gasolinera un lobo, al que consiguió fotografiar e incluso grabar en vídeo. «Comincoumo e eu chamei a Chisco Lema, o exalcalde de Corcubión que é o maior experto de por aquí, e o único que nos dixo que non fixésemos foi darlle de comer porque se acostuman e iso non é bo que sigan a súa vida salvaxe», explica el laxense José Manuel Pato, quien, al igual que Tubío, supo por la explicaciones de Lema, que se trata de un juvenil, de aproximadamente unos 15 meses, que, al ocuparse la manada de la nueva camada de cachorros, experimenta el entorno por su propia cuenta, sin alejarse demasiado del resto de la familia. «Algo así como faciamos nós cando eramos novos», bromeaba Pato ayer por la mañana.

Sin embargo, en lo que a experiencias sorprendentes con animales se refiere estos días la palma se la llevan en Fisterra, donde ya están un poco acostumbrados porque, por poner un ejemplo, se tuvieron que ocupar no hace tanto de una perra que había pasado meses perdida en Lires (Cee) y que finalmente se ha ido adoptaba a Gran Bretaña. En este caso no se trata de mascotas, al menos no de las usuales, porque lo último que salvaron en Fisterra fue una gaviota, que se tragó un anzuelo y estuvo a punto de morir dando tumbos contra una farola, y ahora un burro.

Bueno, concretamente se trata de una hembra joven que, si no se producen novedades, va a tener otra oportunidad para vivir al cuidado de Jesús Canosa, un vecino de Sardiñeiro, que ya está a cargo del animal, quitándole un importante peso de encima al Concello. «Esta mañá chamou tamén unha señora que o quería, así que ao burro non lle faltan pretendentes e menos mal tamén, porque a ver que faciamos nós con el», señalaba ayer el teniente de alcalde, Xan Carlos Sar, que dice que van a esperar el plazo legal por si alguien reclama la propiedad del animal, pero entre tanto ya está al cuidado de Canosa.

«Eu cólloa para que non ande por aí adiante perdida tampouco e porque será por sitio. Aquí xa temos un pouco de todo: dúas eguas, cabras...», detalla Jesús Canosa, que para nada pensaba ponerse ahora en ganadería, por más que le guste cuidar de sus animales.

«A burra xa leva por aí unhas dúas semanas e debíase atopar soa porque andaba detrás das eguas. Estivo unha semana con elas, pero eu o sábado cambieinas de prado. De por aquí desta zona, que debe haber uns seis ou sete por Mallas e por aí non é, ou polo menos eu non a coñezo. Supoño que viría con algún peregrino, que a trouxo facendo o Camiño e despois marchou en autobús ou como fose e aí se quedou a burra, pero eu tampouco o sei», detalla el fisterrán, quien explica que el animal carece de microchip, por lo que resulta imposible conocer su origen ni la identidad del propietario. De hecho, si no aparece en los próximos días ya quedará de manera fija con las yeguas de Canosa.

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