Corcubión resiste al obispo

La histórica villa recupera su Desembarco como punto álgido del Mercado Medieval Costa da Morte

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Aunque este año entraron a sangre y fuego -sobre todo el del arquero que incendió la primera caseta en la playa- las tropas del arzobispo compostelano Rodrigo de Luna, llegadas en cuatro barcas, volvieron a hincar rodilla ante el pueblo de Corcubión y los bravos defensores de la casa de Altamira, personificadas en la valentía de Gomes de Rioboo.

Al estilo de aquella noche de julio de 1457, cuando los tiempos eran otros y la Iglesia estaba en medio de todas las luchas de poder, la playa de Quenxe se convirtió en símbolo de la pelea entre el poder de un señor eclesiástico, el arzobispo, con otro seglar, el linaje de los Altamira, usando como siempre a los soldados y al pueblo como persona interpuesta. Así el capitán Caamaño al frente de los invasores y antes de arrasar la villa, que conserva en su arquitectura la esencia de los siglos, se ofreció a batirse con uno de los pueblerinos. El voluntario fue Rioboo y se batieron a caballo, a espada e incluso en medio de un círculo de fuego. Por supuesto, Caamaño dio a su contrincante por muerto, pero este en la agonía acabó ajusticiándolo desde el suelo, antes de que doña Xoana le nombrase caballero ya a título póstumo.

No está mal como arranque del Mercado Medieval Costa da Morte que, para hacerse una idea, basta con reseñar que cuenta con más de 100 puestos en un localidad de 1.600 habitantes, de los que buena parte se caracterizan y se implican con la fiesta todo el fin de semana.

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