Trágicos finales para todos los integrantes del operativo


El 9 de noviembre se le practicó la autopsia en el cementerio a Jesús Pazos por el médico municipal y de asistencia pública domiciliaria de Vimianzo, Braulio Astray Vidal, así como por el médico forense de Corcubión. Concluida esta, y dado que no habían identificado al fallecido ni nadie reclamara el cadáver, había que darle sepultura. La opinión mayoritaria de los presentes era de que se abriese una fosa en tierra del cementerio y allí quedase enterrado, pero el médico Astray mostró su disconformidad aduciendo que «al fin y al cabo era un ser humano y no un perro», y que si algún día los familiares quisieran recuperar el cadáver, mal podrían hacerlo en las condiciones que pretendían, envuelto entre la tierra empapada en agua por la intensa lluvia, pidiendo que se depositase dentro de un ataúd por rústico que fuese, o al menos ponerle entre unas tablas, como así se hizo.

Los demás guerrilleros tampoco tuvieron mucha más suerte. Manuel Ponte Pedreira, Miracielo y Pintor, cayó abatido por las balas de sus perseguidores en Tañoi, en Fontao-Frades, el 21 de abril de 1.947. José Dasilva Bartomeu, Moreno y Manolete, fue muerto, según la versión ofrecida a las autoridades franquistas por Foucellas, por Manuel Ponte cerca de la localidad de Ordes, en fecha indeterminada. Manuel Pena Camino, Flores, cayó en Pedras Bastas, parroquia de Paramos-Val do Dubra, el 5 de marzo de 1949. Emilio Pérez Vilariño, Claudio Veas y Emilio, cayó en Fisteos-Curtis el 6 de enero de 1951, también en un enfrentamiento con la Guardia Civil.

Por último, de José Ramumán Barreiro, Ricardito y Simeón, hay versiones que fijan su muerte en 1949, pero por el momento sigue sin esclarecerse su desaparición o muerte.

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